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Actualizado el 10 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Sumergidos en un mar de problemas y desafíos de todo tipo, que, conforme pasa el tiempo, más se acumulan, pareciera inútil o superfluo reparar en aquellos que llevan a cuestas muchos años de hacer fila sin que nadie ahonde en ellos con seriedad.

Con seriedad significa con determinación de resolverlo y no solo hablar de él. Uno de ellos es el problema fiscal. Los más viejos del lugar recordamos, como si fuera hoy, el sinnúmero de veces que esta cuestión capital ha pasado a ocupar fugazmente el proscenio de las preocupaciones nacionales para que, transcurridos un año o algunos meses, desaparezca del escenario y de la conciencia de la gente. Somos un país de sobresaltos pasajeros.

El lunes pasado, por cierto, un ciudadano vigilante y estudioso, José Felipe Guevara Leandro, publicó en esta sección un artículo intitulado “Educar en solidaridad fiscal”. Se trata de un comentario breve, pero esencial, sin desperdicio ni retórica, un aldabonazo en la conciencia de la gente sobre el problema fiscal enfocado en sus raíces: la solidaridad, la evasión, los privilegios, la educación fiscal, la conciencia fiscal, la responsabilidad y la autoridad moral.

El autor propone la necesidad imperiosa de educar en solidaridad fiscal, pues de eso se trata: educar, un proceso lento, pero insuperable, que, si se hubiera puesto en práctica hace 30 años, hoy estaríamos de seguro en la cima del desarrollo y sin las congojas y disimulos actuales, cuando casi todo, por no ir al fondo de los problemas, se nos convierte en un calvario. Anteayer no más el editorial de este periódico analizaba el dictamen legislativo sobre el proyecto de ley de Fortalecimiento de la Banca de Desarrollo y las trifulcas sobre la refinería en Moín. En ambos casos, el reino de la improvisación y la falta de seriedad, como tantos otros proyectos.

¿Es posible, entonces, esperar un análisis concienzudo y a fondo sobre el problema fiscal, con soluciones concretas, en un país donde los grandes proyectos se anuncian alegremente para llegar a la conclusión, poco después, que es preciso revisarlo todo o comenzar de nuevo por cuanto no se tomaron en cuenta las variables fundamentales?

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El problema fiscal no es solo técnico. Es, por su amplitud y contenido humano, profundamente moral y como tal debe verse. La irresponsabilidad de los gobiernos que, a la ligera, han pretendido atacar este tumor merece el repudio nacional, del que tampoco se liberan los sectores más poderosos y preparados del país. La corrupción es un manto que, por acción u omisión, nos cubre a todos. De aquí la necesidad de tenerla en cuenta ante el problema fiscal y en todo discurso social.

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