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Actualizado el 28 de junio de 2013 a las 12:00 am

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“¿Sobre qué se discute en la política costarricense?”. He aquí una interpelación directa y sin escapatoria que Julio Jurado Fernández, procurador, nos dirigió a todos los costarricenses, el 22 de junio, en este periódico, y cuya respuesta no puede ser el silencio y, mucho menos, la indiferencia.

Es una pregunta clave hoy y lo seguirá siendo hasta el primer domingo de febrero del 2014, cuando, en conciencia y libremente, depositemos el voto en la urna del honor y de la libertad. “¿Qué sucede hoy en día en Costa Rica? ¿Existe un debate público acerca de los temas más relevantes para nuestro país?”. Otros analistas y comentaristas, angustiados por nuestra patria, han formulado igual pregunta. Bueno es reiterarla y pensar.

Diversos temas surgen de inmediato: la seguridad social, las pensiones, la educación pública, los derechos de las minorías, el déficit fiscal, la reforma tributaria, las concesiones de obras y servicios públicos, el ordenamiento territorial, la energía, las telecomunicaciones, la tutela y conservación ambiental etc., los cuales cabe “enmarcar”, según don Julio Jurado, “en discusiones más amplias sobre el estilo de desarrollo, la tutela del ambiente o el crecimiento económico y el Estado social de derecho, o este último y la reforma del Estado”. En fin, la agenda del pensamiento y de la acción política es fascinante en teoría, pero vacía.

Lamentablemente, pese a esta rica agenda, no hay debate, sino “enfrentamientos” con ropaje de denuncias y descalificaciones, que “no permiten clarificar posiciones a partir de propuestas concretas”. Posiblemente, esta sea la cuestión de fondo en nuestra política nacional: la falta de concreción. Prevalece así lo sectario y personal, así como el temor a perder votos, cuya consecuencia es la falta de transparencia y la “dificultad en constituir mayorías que permitan gobernar con arreglo a un conjunto de propuestas”. ¿No es, acaso, esta carencia la causa de la ingobernabilidad? Esta pregunta, que cierra el comentario de Julio Jurado Fernández, nos sitúa frente a la realidad nacional. Lo ingobernable es lo inasible y la ausencia de contenido.

Leamos el discurso de la mayor parte de nuestros políticos y tratemos de elaborar una síntesis, a la luz de los grandes temas nacionales enunciados al principio de este comentario. ¿Qué proponen en concreto? ¿Es posible, a partir de sus palabras, forjar un diálogo inspirador? ¿Es posible extraer soluciones concretas para los concretos problemas nacionales? Sus jerigonzas son semejantes a las de los líderes sindicales, como lo puso a prueba la reciente huelga en los servicios públicos. ¿Entendió alguien qué pretendían en la barahúnda de temas expuestos?

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