Opinión

Taxis y Uber

Actualizado el 14 de agosto de 2016 a las 12:00 am

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Taxis y Uber

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Esta semana me vinieron a la mente dos reconocidas frases que vale tener muy presentes. La primera, “mi derecho termina donde comienzo el derecho de otro”, y aquella expresada por Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Reconozco el derecho de todo ciudadano o grupo a expresar su disconformidad, claro, canalizada en el marco del respeto del ordenamiento jurídico y el derecho de todos a que sus libertades no sean coartadas, la de tránsito es una de ellas.

He ahí el error de los taxistas, que con sus acciones violentaron los derechos de otros usando violencia y amenazas que atentan contra el ADN nacional. Como resultado, perdieron toda empatía y apoyo de los costarricenses, craso error que se les revierte como un búmeran. Felicito al ministro de Seguridad, Gustavo Mata ,y a los cuerpos policiales por hacer sentir el peso de la ley.

Dicho lo anterior, hago un llamado a la fuerza roja para poner sus barbas en remojo y estudiar el porqué en tan poco tiempo Uber se ha convertido en una preferencia para el 34% de los usuarios: ¿servicio de calidad, cortesía, estado de las unidades, rapidez?

La sana competencia es siempre una buena consejera y la historia nos demuestra cómo al final son los usuarios los más beneficiados. Tratándose de un servicio necesario ante las falencias del transporte público, ¿no es esto lo que todos deseamos y merecemos?

El problema no es la competencia, sino la competencia desleal que pudiera generarse ante la indefinición de las instituciones públicas llamadas a establecer reglas del juego, frente a las nuevas realidades tecnológicas como es la plataforma Uber.

Hoy es Uber, pero existen ya otras plataformas colaborativas, como Airbnb, y el Estado debe dar respuesta con reglas de juego claras que establezcan un justo balance en beneficio de los usuarios.

Los taxistas han tenido varios conflictos, el actual es con Uber, ayer lo fue con los porteadores y piratas, y ha sido constante la preocupación y cuestionamientos que ha habido en relación con la asignación de placas.

Como país, debemos dejar atrás la pésima cultura de postergar la solución permanente a los problemas, eso de “patear la bola o ir con nadadito de perro” frente a definiciones difíciles, que en este país parecieran ser todas, no conduce a nada. Pensemos en respuestas definitivas, equilibradas, sensatas, que vayan en beneficio de la mayoría.

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