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Solidaridad al revés

Actualizado el 29 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Solidaridad al revés

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¿Hay alguna justificación para asignarle más de ¢16 millones mensuales del Presupuesto Nacional a un solo jubilado? Ningún régimen de pensiones, pasado o presente, exigió jamás cotizar lo necesario para darle sustento actuarial a semejante beneficio.

La única explicación sería un salario igualmente enorme, a lo largo de muchas décadas. Así, los porcentajes habituales de cotización habrían representado sumas millonarias y el fondo acumulado alcanzaría para pagar al beneficiario los ¢16 millones o más.

Pero esa explicación es insostenible. El receptor de tan extraordinario salario jamás llegaría a la lista de pensionados con cargo al Presupuesto Nacional, si sus ingresos fueran producto del desempeño en la empresa privada, y en el Estado no hay sueldos de esa envergadura.

Si los hubiera, la justificación también estaría falseada. El común de los costarricenses, afiliados al Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social, aspira como máximo a una pensión cercana a ¢1,4 millones. No hay más, y, si el beneficiario gozó de ingresos altísimos y cotizó por décadas para una pensión mayor, de todas formas recibe la suma tope.

La diferencia entre lo cotizado y la jubilación máxima es el cumplimiento de un deber de solidaridad social. Se utiliza para dar pensiones mínimas a los más necesitados. ¿Por qué está exento de ese deber nuestro pensionado de lujo? ¿Con qué cara aplaudió, como funcionario público, la solidaridad impuesta a los demás?

Cada mes, el jubilado recibe un enorme regalo del pueblo de Costa Rica. Es la redistribución de la riqueza volcada al revés. El país entero contribuye para dar holgura económica a quien menos la necesita, en cantidades que a nadie le hacen falta, al menos a juzgar por la pensión máxima de la Caja.

El jubilado de lujo no solo se exime de ser solidario. También exige solidaridad a la inversa, porque no hay otra forma de mantener su costoso retiro. ¿Qué lo distingue del resto de los mortales? La lista de pensiones de más de ¢5 millones con cargo al Presupuesto Nacional ofrece la respuesta. Es redundante señalar que todos los beneficiarios fueron empleados públicos, pero el listado es, también, un inventario de ministros, embajadores y diputados.

La clase política sabe cuidarse a sí misma y sabe, también, vender la idea de que lo hace para bien de los demás. A las ruinosas reformas legales que prohijaron la lista de pensionados de lujo alguna vez se las llamó “justicia social”. Dios haga proféticas las palabras de Abraham Lincoln sobre la imposibilidad de engañar a todos todo el tiempo. A la fecha, muchos siguen en espera de la revelación.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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