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Secretos del Potomac

Actualizado el 22 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Un vendaval noticioso ha sacudido los oscuros rincones de las agencias de espionaje de Estados Unidos. El jueves, la prensa en Washington dio a conocer muestras de los archivos de los servicios de inteligencia americanos para divulgar que cruciales informaciones atingentes a la seguridad del país eran retenidas para evitar su arribo al presidente Trump.

¿Cómo es eso que informaciones urgentes sobre EE. UU. , recogidas por el espionaje norteamericano en el exterior las escondían de Trump? Pues, así ha ocurrido como consecuencia de la estrecha cercanía con Rusia del presidente Trump y algunos cercanos colaboradores, lo cual era susceptible de dejar al descubierto los secretos de Washington.

Este desarrollo crítico, según aseguran las fuentes, era producto de la desconfianza hacia Trump que se había extendido por los canales del espionaje a raíz de la enemistad, los ataques y las críticas de Trump hacia sus propias estructuras secretas. Al respecto, el día previo al “destape”, el presidente acusó a las agencias secretas de propagar informes dañinos para socavar su autoridad.

Sin embargo, ese era el cuadro resultante de las peripecias de algunos colaboradores cercanos de Trump. Hasta ahora, solo el actor central, Michael Flynn, fue despedido, aunque en otras versiones se fue antes de que lo sacaran del ruedo. Alentado por el descenso del ruido en la prensa, Trump guardó en su cartera un par de figuras por si acaso. Entrevistó al célebre David Petreus y aguardaba turno John Bolton, aunque el primero anunció su salida de la contienda el viernes. Finalmente, el lunes, Trump designó en el cargo a otro militar, el general H.R. McMaster, de gran fama como estratega, lo cual le caerá de perlas para sus funciones.

Inmenso interés han motivado algunos reportes emergidos del oscuro trasfondo del espionaje oficial, es decir, memorias internas de una poderosa fuerza dedicada a sonsacar informaciones de utilidad presente o futura. Sin embargo, hay resistencia oficial a divulgar nombres y detalles.

Revisando la prensa y, en particular, las corrientes de opinión en el Capitolio, luce inevitable la realización de varias investigaciones y audiencias públicas de comités y subcomités en ambas cámaras. Nótese que los republicanos tienen mayoría en la Cámara Baja y el Senado y podrían influir, hasta cierto punto, en las decisiones de estos órganos.

Con todo, sería intolerable dejar flotar en el vacío las averiguaciones que el público asume como indispensables. Los enredos con Rusia no son simples juegos deportivos, y cualquier asomo de encubrimiento arriesgaría una marejada política nociva para republicanos y demócratas. Veamos si otro chaparrón cae en demanda de mayores y más profundas indagaciones.

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