Opinión

Sanders y el 1%

Actualizado el 18 de julio de 2017 a las 10:00 pm

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Sanders y el 1%

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Bernie Sanders, senador y excandidato presidencial independiente, ha sido venerado en su tierra, el estado de Vermont. Su cruzada contra los ricos y la reivindicación de los pobres lo ha elevado en la estima y admiración de millones de norteamericanos sin faltar adeptos en Latinoamérica y Europa.

Su discurso político, de manera consistente, ha abogado por reducir la tajada del ingreso de los más adinerados con el fin de engrosar los mendrugos de los menos afortunados. (“¿Cuántos yates, cuántos carros necesitan los millonarios?”). Con esa prédica, casi le asesta un golpe mortal a la campaña de su contrincante del Partido Demócrata, Hillary Clinton, quien eventualmente lo venció en las primarias. Pero el desenlace final de los comicios nacionales favoreció al empresario Donald Trump, abanderado republicano. Ese fue el epílogo de la jornada electoral 2016-2017.

El cambio de estatus no impactó las encuestas del senador. El problema ha estado ahora en la publicidad negativa recibida por la esposa de Bernie, Jane Sanders, quien ha arrastrado el fango de un negociado de tierras como presidenta de la Junta Directiva de un colegio universitario en Vermont. Este drama conllevó un enredo de platas superior a $10 millones, el cual, sumado a la bancarrota del fondo afectado del colegio, derivó en el despido de la presidenta.

Todo esto se produjo en el transcurso del 2010 y el 2011. Aparentemente, Jane no sufrió persecución ulterior de la Fiscalía gracias quizás al padrinazgo del marido.

Pasadas las primarias electorales en el 2016, empezaron a dibujarse los planes de Bernie para adquirir un hermoso terreno frente al lago Champlain con la finalidad de construir una mansión de verano. Esta casa se sumaría a la que tiene el senador en Washington y su residencia en Vermont. Con tres casas y una cuenta bancaria rebosante, la pobreza de Bernie ha empezado a sonar hueca. Y ya afincado en el 1% de los ricos, su escudo de batalla perdió brillo. ¿Con qué cara podría ahora vanagloriarse de su comunidad con los pobres?

Esta es una vieja historia que se repite a diario en todo el mapamundi político. Candidatos que navegan envueltos en la bandera de los pobres, súbitamente lucen prósperos. Su voz deja de implorar y se torna imperativa. Y perdido su disfraz de pobre, ¿cómo le explicará al electorado su súbito cambio de fortuna? Ah, ciertos políticos caraduras…

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