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Rumbo al olvido

Actualizado el 15 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Rumbo al olvido

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¿Cuánto sabemos de Anote Tong? Muy poco: no pertenece al jet set de Albania, no forma parte de una banda inglesa de música rock , no es actor de películas porno, no ha estado a punto de ser contratado para jugar con el Barcelona, ni siquiera es una mediana estrella de la Ópera de París, o un integrante prestigioso de la mafia rusa, o un honrado político italiano acosado por una feroz jauría de fiscales y jueces, o un lanzador búlgaro de jabalina suspendido por doparse. Y, como tampoco es dirigente de primera línea de Al Qaeda, su anonimato es absoluto y, de acuerdo con los cánones éticos y estéticos vigentes, para él no hay espacio en la eternidad. ¿Por qué, entonces, dedicarle esta columna?

“Aun cuando se sabe mortal, el hombre no puede representarse ni el final del espacio, ni el final del tiempo, ni el final de la Historia, ni el final de un pueblo...”, escribía Kundera y se equivocaba. Anote Tong es presidente del minúsculo Estado que, entre los miembros de las Naciones Unidas, tiene el nombre más largo: la República Independiente y Soberana de Kiribati, cuyo territorio de 811 kilómetros cuadrados está integrado por 33 pequeñas islas dispersas en una región del océano Pacífico más extensa que Kazajstán. Su población es de 103.500 habitantes y todo apunta a que disminuirá rápidamente hasta llegar a cero, y esto es, precisamente, lo que hace del honorable Anote Tong un personaje de tragedia griega, un ser humano excepcional que debería figurar desde ahora en la leyenda y la historia humanas al lado de Moisés, Jenofonte, Alejandro Nevsky y Moctezuma.

El presidente Tong tuvo la entereza de anunciar oficialmente que, gracias al cambio climático, el destino de su nación es desaparecer de la faz de la tierra, y de advertir que Kiribati no será sino el primer Estado en hundirse bajo el agua. Como Noé y Moisés redivivos, Tong se apresta a conducir a su estirpe, no en un arca salvadora sino en una diáspora definitiva, rumbo al vertedero de la historia; no hacia la tierra prometida sino hacia la inexistencia. Obligado a dirigir el autodesmembramiento de unas tribus condenadas sin apelación por la estulticia humana, peregrina por el mundo en busca del refugio hacia el cual puedan escapar sus compatriotas (no algunos de ellos en el futuro, sino todos casi de inmediato).

La República de Kiribati, creada en 1999, será sin duda muy efímera, lo cual convertirá a Anote Tong en un príncipe dardanio sobre el que nadie escribirá otra Eneida , y, pese a lo trágico y lo grandioso de su papel, también será olvidado porque en nuestra época ya no se erigen monumentos a los derrotados.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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