Opinión

Rigidez política

Actualizado el 08 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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Las últimas intervenciones públicas del presidente, Luis Guillermo Solís, apenas contribuyen a la ruptura del empate creado por la extrema dispersión del poder político característica del multipartidismo.

Una alianza opositora logró retener el Directorio legislativo y con él la integración de comisiones parlamentarias, amén del manejo cotidiano del Congreso.

La manzana de la discordia es la situación fiscal. El país lleva meses de debatir si primero se ajustan los gastos o si la necesidad prioritaria es incrementar los ingresos. La necesidad de enfrentar las dos vertientes del problema es clara y compartida, como convicción, a lo ancho del espectro político, pero una profunda desconfianza impide forjar acuerdos.

Ninguno de los bandos confía en la voluntad del contrario para corresponder a sus concesiones. En algunas oportunidades, el gobierno admite la necesidad de reformar el gasto público. En otras, lo declara un objetivo imposible, dada la rigidez del presupuesto o el plazo necesario para cosechar sus frutos. Luego condiciona los ajustes a negociaciones nunca iniciadas con los sectores involucrados. Cada vez con más frecuencia, advierte sobre los efectos catastróficos de mantener el statu quo, pero luego afirma ante los diputados que ya hizo cuanto está a su alcance y ahora les corresponde a ellos ofrecer la solución.

Gobernar un país como el nuestro exige forjar acuerdos. El gobierno nunca habrá hecho lo suficiente porque le corresponde la tarea constante de negociar para obtener resultados. El proceso implica, desde luego, la voluntad de hacer concesiones. La insistencia en resolver el problema fiscal por la vía de los ingresos, pese a esporádicas aceptaciones de los efectos del gasto, es un callejón sin salida. Si el país llega a los temibles escenarios descritos por el mandatario para el 2018, la administración no podrá eximirse argumentando la inacción del Parlamento. No podrá hacerlo siquiera después de haber entregado el poder.

En medio de la confusión y la desconfianza creadas por declaraciones contradictorias y abruptos cambios de posición, los partidos opositores adivinan falta de voluntad para hablar en serio del recorte de gastos, como solución estructural y no como un conjunto de medidas dispersas, limitadas a los abusos más obvios. Por eso plantea una agenda diametralmente contraria a las pretensiones de la Casa Presidencial.

La rigidez más preocupante no es la del presupuesto, sino la del proceso político, y el Ejecutivo nunca habrá hecho lo suficiente para superarla. El país está urgido de un acuerdo y corresponde al gobierno forjarlo. Es su responsabilidad histórica.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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