Opinión

Respeto y tolerancia

Actualizado el 26 de junio de 2016 a las 12:00 am

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“Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla”. Recuerdo esta reconocida frase en momentos cuando recrudecen voces que explotan el temor e incitan al odio y a la discriminación, lo que en el pasado ha derivado en violencia, fundamentalismos y pérdida de derechos fundamentales.

Se aprovechan de la incertidumbre que genera que la recuperación económica poscrisis ha sido lenta y no ha producido los empleos esperados. Para quienes cuentan con menor educación, pesa además la preocupación por la desaparición de empleos producto de los cambios estructurales a los que se ha denominado como la cuarta Revolución Industrial. Se explota también el malestar y la indignación de una ciudadanía, que ve cómo la evolución económica ha incrementado las desigualdades.

Se azuzan preocupaciones por los flujos migratorios (por ejemplo inseguridad, valores, empleo), fenómeno que no es nuevo, pero ha recrudecido especialmente en Europa ante la ola causada por la guerra-genocidio en Siria, las acciones del Estado Islámico en Oriente Medio, por la violencia y la falta de oportunidades en muchos países de África.

Irresponsablemente, esas voces responsabilizan de los repudiables actos terroristas en París y Bélgica, de los tiroteos en Orlando y de la muerte de la parlamentaria inglesa Jo Cox, a la población musulmana en general.

En su discurso en la graduación 2016 en Harvard, el cineasta Steven Spielberg recordaba cómo la historia nos demuestra que “lo inconcebible sucede y sucede frecuentemente” y hacía un llamado a enfrentar males crecientes como el antisemitismo, la islamofobia, la xenofobia, el racismo, la homofobia, la misoginia y el nacionalismo extremo.

Valga recordar capítulos amargos de nuestra historia como el Holocausto y el genocidio en la antigua Yugoslavia, donde en nombre de una agenda “aria o serbia” murieron millones de personas en razón de su etnia y credo. Y ni qué decir de los efectos de la exaltación a la diferenciación entre hutus y tutsis, que causó la muerte a un millón de personas en menos de 100 días en Ruanda.

Frente a esos monstruos, como los denominó Spielberg, la mejor línea de defensa es el fortalecimiento de los principios democráticos de la tolerancia y el respeto de las libertades individuales. Si hoy callamos frente a la discriminación y a las violaciones de derechos de otros, arriesgamos que no exista un sistema sólido de defensa cuando estén en juego los propios.

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