Opinión

Querer lo imposible

Actualizado el 07 de junio de 2017 a las 10:00 pm

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Querer lo imposible

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Ahora que empieza a calentar el ambiente político, pero falta mucho para las elecciones, vale la pena preguntar: ¿Qué quieren, en general, los costarricenses del próximo presidente de la República? Interrogo con un sentido preventivo, a fin de que después no digamos que nos faltó tiempo para pensar sobre el tema.

Pues obvio, microbio: queremos una persona trabajadora, un líder a quien no le tiemblen las manos para tomar decisiones, que tenga visión, inteligencia clara y empatía; honesto, humilde, capaz de ponerse metas y cumplirlas; que ponga en cintura a los vagos y a los corruptos y les entre de frente a los privilegios de todo tipo. Que cree muchos empleos, baje la pobreza y el costo de la vida. Ah, y que sea físicamente atractivo, amoroso y hable bien inglés.

Resumiendo: queremos una mezcla de Mahatma Gandhi, la Madre Teresa, Nelson Mandela y Batman. Y, ¿por qué no? Después de tantas decepciones, Costa Rica se lo merece: un presidente que no se parezca en nada a la panda de astutos y mal amansados que pulula por estas tierras.

Mirado de otra manera, sin embargo, mal asunto es este de pedir lo imposible para, inmediatamente después, transar el voto por lo que hay, que es claramente mucho menos y, encima de todo, ejercer luego de criticones. Un callejón sin otra salida más que el amargo despertar del autoengaño.

Va, entonces, la pregunta de nuevo, con un adverbio de más: ¿qué es lo que realmente quieren los ticos como próximo presidente? Algunos pocos, cada vez menos, no quieren nada en particular: son fieles a un partido y lo mismo da que pongan un burro, igual lo votarán. Quitemos a esos.

Sospecho que, en la práctica, la mayoría no sabe muy bien lo que quiere. No están matriculados con nadie y aunque están atentos a lo que se dice en campaña, no se toman el tiempo para evaluar si las promesas son un diez con hueco. Su falta de costumbre de exigir calidad en el debate público los friega.

En ausencia del voto razonado, mi impresión es que una mayoría se decide como si todo fuera un reality show: escogen al que más los impresiona. Como los políticos lo saben, convierten la campaña electoral en precisamente esto. Se juntan el hambre con las ganas de comer.

Hay una minoría, sin embargo, que sí sabe lo que quiere y exige. No es de un solo color político, pero tiene un sentido cívico compartido. De ella depende que el circo no se desborde.

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