Opinión

Q.d.D.g. Bancrédito

Actualizado el 23 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Bancrédito, el antiguo Banco Crédito Agrícola de Cartago, está en graves problemas. Si no lo ayudan podría ser intervenido. El gobierno dice que no lo dejará caer y la idea es hacer un plan que mejore su rentabilidad y eficiencia. En juego están, entre otras cosas, unos 700 empleos.

Mi pregunta es: ¿para que quiere el país salvar a Bancrédito? En otras palabras, ¿qué aporte real hace ese banco a la riqueza nacional, más allá de dar empleo a un grupo de personas?

Esa es, creo yo, la cuestión clave, una que, por cierto, no ha sido abordada en días recientes. El gobierno corre a salvar a ese banco, quizá porque no quiere una torta ahora que va de salida. Dice que primero lo estabilizará y luego verá su futuro. Traducido al tico: “patearemos la bola hacia delante”.

Hace rato que ese banco estaba en problemas. Se la jugaba rejuntando platillas aquí y allá, llevándole negocios al Estado (cobrando el impuesto de salida del aeropuerto; administraba recursos del sistema de banca para el desarrollo). Tiene una pequeña cartera de préstamos, con un nivel de morosidad más alto de lo indicado, y, tras que prestaba poco, metió millones en una operación mala con una empresa en problemas.

Nadie ha dicho ni mú sobre el tema crucial: para qué salvar a Bancrédito. Si ya tenemos dos grandes bancos públicos, el Nacional y el de Costa Rica; si tenemos, además, al Banco Popular, una entidad de los trabajadores, ¿qué pitos toca el Bancrédito? ¿Qué puede hacer que ya no hagan los demás?

En una perspectiva más amplia, el Estado (en teoría, nosotros los ciudadanos) es el dueño de la banca pública. Mi opinión es que no tiene claro lo que quiere que esa banca haga distinto a lo que la banca privada hace. Se habla de que la banca nacional debe “contribuir al desarrollo”, pero eso es una perogrullada: en concreto, ¿cómo se come esta aspiración?

Tener una banca pública es importante porque da posibilidades de reconducir una parte del sistema financiero hacia objetivos de desarrollo, por ejemplo, mejorar la productividad y la innovación financiando a micro y pequeñas empresas, capitales de riesgo, capitales ángeles, apoyo a start ups, entre otras cosas. La mezcla público-privada que hay en el país es una buena idea, pero no es criterio suficiente para salvar a Bancrédito, dar trabajo a sus 700 empleados, ni responde la pregunta ácida sobre lo que el Estado quiere hacer con su banca.

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