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Actualizado el 01 de junio de 2017 a las 10:00 pm

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Así como, según el refrán, “una golondrina no hace verano”, tampoco una prueba basta para evaluar la calidad. Pero si está bien concebida mejora el diagnóstico y, por supuesto, la selección. Por esto celebro que, por primera vez, la Caja haya administrado un examen con estándares internacionales a los egresados de Medicina que buscan hacer el internado en sus hospitales.

A la vez, lamento los resultados. Solo tres de las ocho escuelas nacionales lograron superar la aprobación del 80% de sus postulantes: las de la Universidad de Costa Rica (99% de éxito), la Ucimed (88%) y la Latina (81,5%). El resto osciló entre regular y catastrófico. Debemos prestar gran atención a esta señal. Más allá de la Medicina –de por sí esencial– es un fuerte indicio de lo que puede estar ocurriendo con otras carreras, sobre todo en instituciones que ponen el lucro cortoplacista por encima de cualquier consideración de ética pedagógica o rigor académico.

Ninguna universidad puede garantizar la calidad de todas sus carreras. Pero sí deberían esforzarse por lograrla. En el ámbito privado, existen dos mecanismos para impulsar este fin: el Conesup, que autoriza su funcionamiento y debe velar por el buen desempeño, y la acreditación, que abarca también el ámbito estatal.

El Conesup es una institución virtualmente fallida. Su obsesión por el papeleo lo lleva a entorpecer el quehacer de los centros privados allí donde debería agilizarlo y a desdeñar lo que más debería preocuparle: la calidad. Por esto, más de 50 universidades privadas cumplen con la forma, pero pocas con la sustancia. La acreditación, por su parte, es voluntaria, y hasta la fecha solo 139 de las 1.605 carreras (públicas y privadas) del país tienen sello del Sinaes, el ente acreditador.

El Servicio Civil, en la mayoría de los casos, otorga puntos adicionales a los docentes graduados de carreras acreditadas, pero son tan pocos que su impacto pierde relevancia. Las pruebas de la Caja son otro paso, al menos como diagnóstico. Ambas iniciativas se quedan cortas.

Para avanzar de verdad se requieren decisiones más de fondo: por ejemplo, generalizar las pruebas para todos los postulantes en el sector público y transformar radicalmente el quehacer del Conesup. ¿Quién se atreve?

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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