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Actualizado el 10 de noviembre de 2013 a las 12:05 am

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Informa la prensa del predicado en el que podría encontrarse el Instituto Costarricense de Electricidad por la necesidad de aumentar –”reajustar” suena a eufemismo– las tarifas eléctricas. Por no contar con la información que se requiere para opinar sobre el tema, y por carecer de capacidad técnica para interpretarla correctamente si la tuviésemos, trataremos tan solo de recurrir al sentido común, aunque tal vez el caletre tampoco nos alcance para eso. “Entre bomberos no se majan las mangueras”, afirma la siempre dudosa sabiduría popular y, a juzgar por lo que los medios y las autoridades del ICE señalan, podríamos estar frente a algo más grave que un conato de incendio. Si ese es el caso, lo más sensato es hacer todo lo posible por que la empresa nacional productora y distribuidora de electricidad salga bien parada, no solo porque no hay otra que pudiera tomar el relevo, sino también porque sabemos que ha sido exitosa en ese terreno. Sería absurdo desinflarles las llantas a los carros de los bomberos para evitar que nos mojen el techo de la casa que arde.

Puede que estemos enunciando una beatitud, pero no hay duda de que sería catastrófico que en el ICE se repitiera el descomunal descalabro que se está dando en la infraestructura vial. Un primer paso podría ser un “reajuste” en las posiciones de los grupos que están en capacidad de influir con sus presiones en el futuro inmediato de la institución: grandes y pequeños usuarios, ambientalistas, sindicalistas y, desde luego, legisladores. La modalidad del zafarrancho debe estar excluida del debate sobre la cuestión, porque un retraso en la toma de decisiones tendría un efecto letal para el país.

Tras pensar en la magnitud del problema al que se enfrenta el ICE, solo nos queda admitir que tal vez el tono de nuestras quejas por ciertas deficiencias en el servicio de las telecomunicaciones fue más estridente de la cuenta. Esta afirmación no es un mea culpa o, como decíamos en la escuela, una forma de “pedir cacao”. Teníamos razón al quejarnos, pero estamos en el deber de reconocer que el haber puesto el grito en el cielo no resultó en vano.

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A diferencia de lo que ocurre en otras instituciones estatales de servicio público, en el ICE se dio una reacción positiva ante nuestro lamento y, como resultado, recibimos una buena demostración de que: a) las autoridades de la institución están dispuestas a poner orden en el ámbito de la atención al usuario, y b) el personal técnico que depende directamente de la institución tiene la capacidad y la paciencia adecuadas para atender las necesidades del usuario. Nobleza obliga.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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