Opinión

Protestas sociales novedosas

Actualizado el 01 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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Protestas sociales novedosas

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La verdad es que me llamó mucho la atención la marcha del pasado sábado contra el monopolio de Recope, convocada por medio de las redes sociales. Es una protesta que no debería ser etiquetada prematuramente.

No hay por qué demonizarla como una conjura neoliberal bajo la mesa, como se ha insinuado en medios sindicales y políticos, pero tampoco romantizarla como la expresión más genuina de la indignación ciudadana, como he oído decir a gentes que, desde otras aceras, usualmente son bastante contrarias a las movilizaciones populares.

Tomemos las cosas como son. Esta marcha reafirma algo que se sabe desde hace rato en nuestro país: la protesta social no es monopolio de, ni es conducida por, los trabajadores organizados y las organizaciones políticas de izquierda. Desde hace años ha florecido una diversidad de actores, la mayoría de ellos sin vinculación orgánica con dirigencias partidarias o la dirigencia social tradicional. Como resultado, a marchas de un signo le suceden contramarchas del signo contrario (caso emblemático: taxis, porteadores y piratas).

Lo más interesante de esta protesta, modesta en tamaño, es que innova en los medios de convocatoria, no se realiza en la semana laboral y, aunque parece movilizar a ciudadanos de diversas capas medias, no es liderada por personajes conocidos.

Más aún, piden a los partidos políticos no meterse. Es novedosa, además, porque en materia de instituciones públicas las movilizaciones han tenido como consigna su defensa; esta, por el contrario, su modificación. Lo nuevo no es que la gente se queje de los servicios públicos, algo tan viejo como la maña de pedir fiado; lo nuevo es que esta vez articularon la necesidad de “menos” Estado y no de “más”.

A los últimos cinco gobiernos, las aguas se le han encrespado entre los meses 18 y 26 de cada administración. Surgen protestas por doquier y se juntan en episodios de alta conflictividad (en la administración Chinchilla una vez que la cosa empezó nunca aflojó).

Estos episodios son antecedidos por caídas en la popularidad del Gobierno. Si se mantiene este comportamiento, estaríamos a las puertas de que estalle el invierno del descontento, que al Gobierno le llueva tieso y parejo desde todos lados.

Así vista, la marcha del pasado sábado es otra señal más en el muro. Sin embargo, no es, por mucho, la adaptación tica de los “indignados”: como movimiento, los indignados siempre se lanzan contra la “casta” política de todos colores.

En síntesis, empieza a haber hartazgo ciudadano de otro signo al tradicional. Habrá que ver el cauce que agarra.

(*)Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

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