Opinión

Problema muy nuestro

Actualizado el 18 de enero de 2015 a las 12:00 am

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La trágica guerra del narcotráfico librada en el sur de la capital elevó de manera significativa la tasa de homicidios el año pasado. La violencia, medida por una de las estadísticas más confiables de la criminología, prueba la naturaleza local del problema. Los acontecimientos recientes impiden seguir planteándolo como un fenómeno foráneo, donde países como el nuestro desempeñan un papel de víctimas del tráfico entre el norte importador y el sur productor de drogas.

Cada vez más, el problema es nuestro. Sin duda, el mercado local se alimenta de cantidades residuales de la droga trasegada entre los países productores y los de mayor consumo, pero en nuestro suelo también se trasiega y consume. Los grupos dedicados al ilícito, ahora mejor organizados, tienen de sobra demostrada su letalidad, en el sur de San José como en Limón y otras zonas.

La droga, recibida en pago por la participación de costarricenses en el trasiego o importada directamente para la venta en el país, se ha venido abaratando en el mercado interno. El precio y el crecimiento de las bandas dedicadas al tráfico local son nefastos indicadores de la relación entre oferta y demanda. Juntos, esos elementos del mercado evidencian una amenaza de importantes dimensiones.

El país tiene la obligación de defenderse y la primera trinchera debe ser cavada en las fronteras. Una vez en territorio nacional, la droga encuentra infinidad de caminos hacia el consumidor. Esa dispersión dificulta combatirla. La más vulnerable de nuestras fronteras es la marítima. Por eso es necesario abandonar la ingenuidad o los prejuicios invocados una y otra vez para estorbar las iniciativas de patrullaje conjunto con los Estados Unidos.

El miércoles, un avión de ese país detectó, a solo 67 kilómetros de Quepos, una embarcación ecuatoriana portadora de 810 kilos de cocaína. El aviso permitió a las patrulleras costarricenses hacer la captura que, de otra forma, no se habría producido. Quien quiera cerrar los ojos a la realidad insistiendo en el carácter foráneo del problema, podría confortarse con la idea de que la nave estaba en tránsito, todavía lejos de las costas nacionales.

Sin embargo, había dos costarricenses a bordo y, cuando se vieron sorprendidos, comenzaron a lanzar los bultos al mar. En Limón, y también en el Pacífico, hay quienes conocen las rutas de tránsito donde es más probable recuperar la droga flotante, con posibilidades de pingües ganancias. El problema es ahora muy nuestro y es preciso aceptar toda la ayuda que se nos ofrezca.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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