Opinión

Piques

Actualizado el 22 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Piques

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Las autoridades emprendieron, por fin, una batida contra las carreras ilícitas de vehículos.

El problema ha disminuido y los artífices de la ofensiva contra una de las más flagrantes y peligrosas violaciones de la legalidad merecen una felicitación. Mayor aplauso merecerán, todavía, si extienden el programa a las zonas aún desprotegidas y mantienen el esfuerzo durante el tiempo necesario para erradicar el delito.

Si se dieran el lujo de aflojar en espera de una próxima tragedia que indigne a la opinión pública y los obligue a retomar el esfuerzo, le habrán fallado al país y a las víctimas, absolutamente predecibles.

Los “piques” causarán más muertes (la única duda es cuándo), pero no serán tantas como las que podíamos esperar en el marco del descontrol hasta hace poco imperante.

La Policía está haciendo su parte, por fin, como la hizo en la segunda mitad de la administración pasada. Corresponde ahora a las autoridades judiciales tomar el tema en serio e imponer los castigos a los delincuentes del volante, organizados por medio de las redes sociales y medios de comunicación inalámbricos.

Para lograr la respuesta estatal adecuada, es preciso entender que las tragedias causadas por los piques no son accidentes y que la alteración de los vehículos en nada se compara con otras faltas de tránsito.

Un homicidio culposo cometido por un conductor distraído merece especial consideración de la autoridad judicial, pero las muertes, lesiones y otros daños causados por los “picones” solo pueden ser enfrentados con el peso total de la ley.

La modificación de los autos es un acto preparatorio, aunque no encuadre en la tradicional definición de los penalistas, y lanzarse por la calles con el acelerador hundido es dolo eventual. Los escándalos generados por las máquinas alteradas son una agresión a la comunidad, tanto como el peligro creado en general.

Ni criterios de oportunidad ni otros beneficios caben en estas circunstancias, donde el ejercicio oportuno de la acción penal y el encarcelamiento sí tienen buenas posibilidades de disuadir de futuras conductas delictivas.

Los “piques” son un delito cometido con el único propósito de disfrutar una afición malsana. No tienen fines de lucro.

El riesgo inminente de caer en prisión bastará para aplacar el entusiasmo, así como la incautación de los caros juguetes o el retiro de la licencia. Lo importante es no dejar pasar la oportunidad de ejemplarizar.

  • Comparta este artículo
Opinión

Piques

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

Ver comentarios
Regresar a la nota