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Pinche denuncia

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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El comediante mexicano Adal Ramones no es admirador de Johnny Araya. Lo dejó claro en el transcurso de un monólogo, el 28 de setiembre, en el Palacio de los Deportes. No lo quiere ni para presidente de curso escolar y, en clave mexicana, se refiere a él como “pinche Johnny”.

El monólogo es en broma, pero las referencias al exalcalde, al parecer, van en serio. Seria es, también, la discusión planteada por una denuncia contra el comediante, recibida en el Tribunal Supremo de Elecciones. Un ciudadano disgustado con Ramones recordó a los magistrados la norma constitucional que impide a los extranjeros entrometerse en la política nacional. Más importante es recordar la protección constitucional a la libre expresión, cuyo amparo se extiende, dentro de nuestras fronteras, a todo ser humano sin importar su nacionalidad.

La prohibición de intervenir en los asuntos políticos del país, contenida en el artículo 19 de la Constitución, no conculca el derecho, atribuido a “todos” por el artículo 29, de expresar el pensamiento de palabra o por escrito, y publicarlo sin censura previa. Ramones, como “todos”, responderá por los abusos cometidos en el ejercicio de ese derecho, aunque en el caso concreto no hubo ninguno.

La intervención en la política interna prohibida a los extranjeros por el texto constitucional no puede comprender la libre difusión de ideas, informaciones u opiniones. Se refiere, más bien, a actividades políticas concretas, como serían las de organización y apoyo material a determinada causa electoral.

Si se tratara del simple derecho humano a expresarse, los costarricenses, no solo los periodistas, intervenimos continuamente en la política interna de otros países, especialmente en la era de la Internet. Editoriales de La Nación , críticos del autoritarismo chavista, fueron reproducidos en Venezuela, en el marco de intensos debates políticos, y pueden ser consultados en línea desde suelo venezolano.

No es necesario subir al escenario del Palacio de los Deportes para opinar sobre la política nacional, como no hace falta presentarse en la plaza Bolívar para hablar bien o mal del presidente Nicolás Maduro, pero, si ese fuera el caso, al emisor del mensaje nada podría reclamársele por ejercer un derecho que le es propio, por el solo hecho de ser humano.

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El Tribunal exoneró el jueves a Ramones. Hizo bien en darle pronto trámite a la denuncia porque su sola existencia, en espera de resolución, ponía en duda el compromiso del país con el respeto a la libertad de expresión. Una pinche referencia de Adal Ramones al candidato liberacionista no debe proyectar sombra sobre nuestra reputación de tierra de libertad.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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