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Petrocaribe

Actualizado el 13 de julio de 2014 a las 12:00 am

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La fracción legislativa del Frente Amplio (FA) insta al Poder Ejecutivo a solicitar el ingreso de Costa Rica a Petrocaribe, la alianza petrolera promovida por Venezuela para extender su influencia política regional. La propuesta se plantea como medio idóneo para reducir los precios de los combustibles y las tarifas de la electricidad generada con plantas térmicas.

Nada se dice de los costos. Venezuela financia a sus aliados hasta el 60% de la factura petrolera a 25 años plazo, con dos años de gracia y un interés fijo del 1%. Son condiciones inmejorables, ruinosas para el benefactor y estupendas para el beneficiado, pero lo barato sale caro.

El Gobierno de Caracas enfrenta crecientes olas de descontento por la escasez de productos de consumo básico, las fantásticas cifras de inflación y, en general, el desarreglo de la economía. ¿Por qué, en esas circunstancias, está Venezuela dispuesta a compartir su principal fuente de riqueza con Costa Rica, una economía mucho más sólida, con niveles de bienestar incomparablemente superiores?

Pensar que los venezolanos no esperan algo a cambio es, más que ingenuidad, estupidez. Durante la Administración recién pasada, el canciller Enrique Castillo defendió la decisión de rechazar el acuerdo para no someter al país a sus inaceptables condicionamientos ni reducir el margen de acción de la política exterior.

Todavía hoy es inexplicable el intento del expresidente Óscar Arias de inscribirse en el club. El mandatario conocía, de primera mano, la arrogancia del chavismo y sus petrodólares. Cuando el Congreso venezolano otorgó a Hugo Chávez poderes especiales para hacer su voluntad durante 18 meses, Arias lo lamentó respetuosamente. Encolerizada, Caracas echó mano de la única palanca económica de que dispone en Costa Rica: la planta industrial de Alunasa, propiedad de Venezuela. Chávez anunció la decisión de trasladarla a otro país por “razones geopolíticas”, dejando en la calle a unos 400 trabajadores.

No obstante, la Administración Arias pidió, tiempo después, el ingreso a Petrocaribe. No hizo las genuflexiones necesarias y sus diplomáticos permanecieron en la antesala, en espera de una invitación jamás cursada.

En lugar de rendir tributo a Caracas para reducir en ¢7 el precio del litro de gasolina o lograr una imperceptible mejoría en las tarifas eléctricas, a costa de contaminar el ambiente quemando combustible “barato”, Costa Rica debe resolver, sin prejuicios, los problemas estructurales que explican el costo de la energía. Explotar la propia fortalece la independencia y la soberanía, además de acercarnos a la pregonada meta de la carbono-neutralidad.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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