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Sana crítica

Pedir perdón

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Pedir perdón

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Hace algunos días, durante la feria El Puesto es Mío , desarrollé el tema Las negociaciones entre organizaciones transculturales . Entre otros, expliqué lo importante de entender que las diferencias de significado que tienen en cada cultura comportamientos similares, incide en el resultado de una negociación. Utilicé como uno de mis ejemplos el acto de pedir perdón.

En Estados Unidos y otros países occidentales el que una persona pida perdón es usualmente interpretado como un reconocimiento de culpa, y tratándose de un funcionario público, muchas veces es seguida de una dignificante renuncia como parte del protocolo de asumir la responsabilidad.

En contraste, en algunas culturas orientales como el Japón y Corea del Sur, una disculpa es interpretada, no como culpabilidad, sino más bien como la inmediata disposición por resolver el problema o reparar un daño infligido.

Ejemplos de lo anterior, fue la respuesta de la Junta Directiva de la aerolínea surcoreana Asiana ante el reciente accidente de uno de sus aviones, o las disculpas de los personeros de las empresas japonesas: Tepco por la emergencia nuclear post terremoto y sunami en la planta de Fukushima (2011) y Toyota por los fallos en el modelo Prius (2010).

Los mensajes por cultura son tan contrastantes que, lo que para un país o bien una organización puede inspirar mayor fuerza, liderazgo y confiabilidad, para otros puede significar debilidad e inautenticidad.

Si bien en lo individual es de humanos errar y existe la certeza de que ninguna persona es infalible, lo cierto es que para quienes ejercen altas responsabilidades de Estado, lo prudente y recomendable es aprender a ejercer con sabiduría, el cuándo y el por qué se pide perdón.

En Costa Rica, ¿qué significado y finalidad tiene que quien ejerza la Presidencia de la República, solicite perdón de manera general, o concreta frente a un hecho en particular, o que lo haga en el marco de la celebración religiosa del 2 de agosto? Debo señalar que si el texto leído en esta ocasión, era desconocido, preocupa por la ligereza y condescendencia; si era conocido, preocupa por la complacencia y lo inapropiado de no saber deslindar entre Iglesia y Estado.

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Sobra cuestionar la autenticidad y sinceridad de la disculpa, e ingenuo pretender un perdón en abstracto. Pero lo que más llama la atención es que en múltiples ocasiones se ha sentido la necesidad de que la presidenta con humildad pida perdón al país por alguno de sus actos, cosa que no ha hecho, sus razones tendrá y respeto.

Difícil entender que cuando finalmente lo hace sea de una manera tan inapropiada.

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