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Parques nacionales

Actualizado el 22 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Parques nacionales

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La semana pasada, falleció don Álvaro Ugalde Víquez, considerado uno de los padres del actual Sistema de Parques Nacionales de Costa Rica. De manera visionaria y pionera, este insigne costarricense, junto a don Mario Boza, promovió la creación de los parques nacionales, lo que nos impulsaría a nivel internacional como un referente de la protección y conservación ambiental.

Cuando aún no había tanta conciencia ni preocupación en el mundo por proteger el ambiente, Costa Rica abría derroteros, tan temprano como en la década de los setenta, y declaraba su voluntad de proteger su vasta riqueza en biodiversidad, gracias a la gran visión de este valeroso costarricense, que nunca cesó de luchar por lo que tanto amaba.

La red de parques nacionales fue creada en 1970, y su primer parque fue fundado en 1971. Hoy, el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) está conformado por nueve categorías de manejo: parque nacional (28), reserva biológica, reserva natural absoluta, monumento nacional, zona protectora, reserva forestal, refugio de vida silvestre, humedal y territorios indígenas. Esto representa aproximadamente el 26% del territorio nacional, con un total de 169 áreas protegidas.

Somos un país privilegiado: con tan solo 51.100 km², que equivalen al 0,03% de la superficie terrestre, poseemos un 4% del total de las especies estimadas a nivel mundial, lo que nos ubica como uno de los 20 países con mayor biodiversidad. ¡Qué privilegio, pero qué gran responsabilidad tenemos frente a la humanidad!

Nuestras áreas protegidas dan refugio a cientos de miles de especies, preservan nuestros variados ecosistemas y, además, brindan protección a las que están en peligro de desaparecer. Son fuente de conocimiento y de educación ambiental, y es difícil dimensionar el alto valor que estos parques y zonas protegidas han tenido en nuestra capacidad de atraer a los millones de turistas que, año con año, siguen visitándonos.

Con frecuencia, tengo contacto con estudiantes y jóvenes, a quienes motivo para que estudien, sueñen, desarrollen su visión, no se impongan límites en sus aspiraciones, y sean curiosos y valientes. Gracias a don Álvaro Ugalde, tenemos el excelente ejemplo de un joven que, en su momento, se atrevió a soñar y luchó incansablemente para hacer realidad su visión. Con su empeño, nos legó la lección más importante de todas: una persona sí es capaz de hacer la diferencia.

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