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El Papa en América

Actualizado el 28 de julio de 2013 a las 12:02 am

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El Papa en América

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Una persona que sí puede hacer la diferencia. Con su actitud, singular carisma y un poderoso mensaje acuñado con el ejemplo, el santísimo padre Francisco regresa a su América Latina querida con un esperanzador aire de cambio.

Al que han llamado el “Papa de la Ruptura” o bien el “Papa del Pueblo”, Francisco ha recurrido a poderosos símbolos que anticipan que el suyo no será un papado más.

Su nombre Francisco, anticipaba una nueva visión de una “Iglesia pobre para los pobres.” Antes que bendecir, pidió ser bendecido, bien sabía de las resistencias que su labor enfrentaría, quizás el más fuerte recordatorio es la inusual renuncia de su agotado antecesor, Benedicto XVI.

Sus pequeñas decisiones personales se han convertido en un poderoso mensaje de cambio que refuerza su nueva visión de Iglesia. Autodenominado como el Obispo de Roma, viste una sencilla sotana, sus zapatos de siempre y un anillo de plata en lugar del oro macizo de sus antecesores. Renuncia a la recámara papal, para convivir y compartir en la Residencia de Santa Marta.

Eso sí, que su jovialidad y humildad no confundan. Los molinos de Francisco muelen despacio pero muelen fino. Con valentía ya empiezan férreas acciones contra dos de los más fuertes cuestionamientos a la Iglesia católica: la pederastia y el Banco Vaticano.

El ostracismo al exarzobispo de Boston Bernard Law, acusado por encubrir a varios cientos de curas pederastas y asilado por años en el Vaticano, ha venido acompañado por una importante reforma papal al Código Penal, que entre otras establece sanciones más drásticas y una más amplia definición de los delitos contra menores, entre ellos la pornografía infantil y el abuso.

En el Instituto para las Obras de la Religión, conocido como el Banco Vaticano, la operación de limpieza comienza a dar frutos con la detención de Nunzio Scarano, acusado por blanqueo de dinero al intentar trasladar desde Suiza 20 millones de euros, seguido por las renuncias del director y vicedirector general Paolo Cipriani y Massimo Tulli. Por cierto, el primero cercano a Tarciso Bertone, ambos férreos opositores a los intentos de cambio de Benedicto XVI.

Esta semana Francisco circuló por las calles de Río de Janeiro, en un sencillo Fiat con su ventanilla abierta, sin duda un dolor de cabeza para los encargados de su seguridad. Con esta decisión mandaba un fuerte mensaje de cercanía al pueblo y su deseo de abrazar a sus coterráneos en América Latina, y desnudaba además, esa valentía y férrea voluntad, aún a costa de su seguridad, para enfrentar los poderosos y alambicados grupos en el Vaticano.

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