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Ocio forzado

Actualizado el 01 de junio de 2014 a las 12:00 am

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En San Pedro, el cenáculo de la calle de la Amargura ha estado muy concurrido últimamente, gracias a la ociosidad provocada por una huelga de educadores que, bajo el efecto del tercero ausente, ya tiende a ser interminable.

Una sesión reciente estuvo consagrada no al tema cada vez más inabordable de la misma huelga, sino al de la duda que albergan varios de los asiduos en cuanto a si la etapa final de la Copa Mundial de Fútbol llegará a realizarse. Para los concurrentes más realistas, se llevará a cabo a pesar de cualquier espíritu de revuelta que pudieran albergar las masas brasileñas descontentas con la situación de su país: argumentan que, en el peor de los casos, se podrá recurrir a las fuerzas armadas de Brasil, no para la represión de eventuales protestas, sino para que sus efectivos se disfracen de turistas y llenen las graderías de los estadios, de modo que las transmisiones de televisión resulten tan vistosas como si todos los visitantes extranjeros hubiesen logrado salir de los aeropuertos a pesar de las huelgas. Por su parte, los optimistas esperan que, materializadas las amenazas de disturbios, todas las selecciones, con excepción de una de ellas, regresen a sus países sin haber jugado un solo partido y así el encuentro final tenga lugar, por default , entre los equipos de Brasil y Costa Rica. Y ¿quién quita un quite?

En otra oportunidad, el debate en torno a si la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) debe desaparecer o debe seguir existiendo alcanzó ribetes de surrealismo propios de las viejas discusiones sobre la posible aparición en la tierra de visitantes procedentes de Marte. “Yo creo”, dijo el arquitecto que se dedica al diseño de cenotafios, “que entre quienes se oponen a la clausura de la DIS abundan los afectados por la enfermedad que nosotros los anglófilos llamamos yeimsbonditis, contraída cuando estuvieron de visita en alguna academia gringa de espionaje o después de ver la serie completa de las películas del Agente 007”. “El mayor éxito que la DIS alcanzó nunca”, afirmó un estudiante de Escazú, “se debió a la metodología dis (diligencia, inteligencia y seguridad) que sus funcionarios aplicaron para descubrir, y advertir a tiempo de ello a la presidenta Chinchilla y a los ministros de Relaciones Exteriores y de Seguridad Pública, que el Comandante Cero se disponía a ocupar una minúscula parte de la isla Calero”. Por lo visto, el ocio reflexivo genera resultados positivos: nadie puso en duda que, en efecto, como concluyó uno de los expertos vagabundos, “la DIS, al igual que los marcianos, existe y no existe, se ve y no se ve”.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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