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Obama y elecciones

Actualizado el 19 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Obama y elecciones

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El próximo 4 de noviembre se llevarán a cabo en Estados Unidos las elecciones de medio periodo, y en juego está no solo el control de ambas Cámaras del Congreso, sino también la capacidad de maniobra de la Administración Obama en sus dos últimos años.

A pocas semanas, las perspectivas no son buenas para los demócratas, pues los republicanos mantendrían el control de la Cámara de Representantes, pero lo que sí resulta novedoso son las altas probabilidades de que controlen también el Senado.

Esta es la conclusión de RealClearPolitics, organización respetada por construir sus predicciones a partir de un pool de encuestas, y más contundente todavía es el predictor FiveThirtyEight, que les confiere, al día de hoy, un 60% de probabilidades de triunfo a los republicanos.

Revertir esa tendencia no le será nada fácil a Obama, quien se encuentra, además, en un bajo nivel de popularidad, con un 42% de aprobación, muy lejos del abrumador respaldo al inicio del 2009 (79%) o del 50,1% al momento de su reelección, hace 2 años.

Pese a las mejoras en la economía, a la creación de 10,4 millones de puestos de trabajo –que implicó una disminución en el desempleo al 5,9% (estuvo sobre el 10%)– y a que 10,3 millones de personas tienen ahora acceso a cobertura médica, todo esto parece no ser capitalizado por los demócratas.

Obama, otrora el adalid de la recaudación de fondos, cuyo favor y compañía se disputaban sus copartidarios demócratas, es ahora, para algunos, la persona de quien hay que tomar distancia para sobrevivir políticamente.

Quien surgió a la palestra política por su oposición a la intervención en Irak, y por su visión pacificadora en el Medio Oriente y ante el islamismo, hoy acumula la disconformidad de quienes critican su decisión de comprometer a los Estados Unidos en ataques aéreos contra ISIS y de quienes consideran que esa decisión es insuficiente.

Si bien Obama no tiene la carga que significó Watergate para Nixon, Lewinsky para Clinton o Katrina para Bush, lo cierto es que el ébola, de no manejarse bien, podría tener un componente electoral explosivo, igual que las decapitaciones llevadas a cabo por ISIS.

Sin el control del Congreso, las posibilidades de avanzar en temas relevantes y controversiales como la inmigración serían muy limitadas; las ratificaciones de puestos claves como el de Fiscal General, un verdadero calvario, y ni qué decir de darles contenido presupuestario a programas repudiados por los republicanos, como el Obamacare . Otro tema relevante es el impacto que un disminuido liderazgo de Estados Unidos podría tener en el escenario internacional.

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