Opinión

Nueva sociedad emergente

Actualizado el 12 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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El otro día una querida amiga me preguntó si yo me había fijado en la “nueva sociedad” que está emergiendo en Costa Rica. Le pregunté que cuál, y me dijo que el interesantísimo ambiente de innovación cosmopolita impulsado por jóvenes de menos de 40 años en una gran cantidad de ámbitos.

Están los que llenan de música los pueblos y barrios por todo el país; aquellos que inician emprendimientos tecnológicos en robótica o los servicios de alto valor agregado; los que, con una preparación académica exquisita, investigan en genética, biomedicina o política de la mano de los centros más importantes del mundo; los que hacen cine; los que protegen las cuencas de los ríos; los que promueven la arquitectura sostenible y están de cabeza en proyectos sociales innovadores rescatando barrios enteros de la ciudad con acupunturas urbanas; y los que hacen deportes de alto rendimiento o producción orgánica.

Son jóvenes iconoclastas que, sin tiempo para pensar en vacas sagradas, empujan a Costa Rica por nuevas direcciones, rompen el aldeanismo y la conectan con todos esos mundos que hoy día bullen allende nuestras fronteras. Tienen raíces ticas, pero no son nacionalistas en su ambición y tampoco desarraigados que creen que lo de afuera es siempre mejor. Buscan lenguajes únicos para participar en las conversaciones universales que atraviesan el planeta.

La verdad es que, de tanto estar fijándome en el déficit fiscal, la desigualdad, la pobreza o el entrabamiento político, problemas verdaderos y testarudos, se me olvida que no son toda la realidad. Que nuestros indicadores, las métricas que desarrollamos para saber hacia dónde va nuestra sociedad, se enfocan demasiado en estos temas, los viejos asuntos no resueltos por los contemporáneos que pintamos canas, y que poca atención ponemos sobre esa polifacética, potente y emergente sociedad que jóvenes ticos están construyendo.

Los viejillos seguimos hablando de lo mismo porque, atrapados en concepciones trazables a la época de la Guerra Fría, seguimos viendo las cosas con lentes antiguos: que si más mercado, que si más Estado, que si la política es de izquierdas o de derechas. Conversaciones de viejos.

Los jóvenes iconoclastas no se meten en esos pleitos. Son prácticos. Demandan a los viejillos que no les robemos el futuro dejándoles una sociedad atosigada por los problemas no resueltos del desarrollo. Que arreglemos nuestros desaguisados. Su pasión es romper moldes.

¿Alcanzará esa emergente sociedad para enrumbar al país? No estoy tan seguro, pero sí sé que sin ella no tenemos futuro.

Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

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