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Actualizado el 15 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Como muestra de la violencia brutal que se vive en Nigeria, la Comisión Electoral Nacional Independiente decidió trasladar las elecciones presidenciales y legislativas, previstas para el 14 de febrero, al 28 de marzo, por razones de seguridad.

La violencia de la secta islamista radical Boko Haram, responsable, entre muchos otros actos atroces, de la muerte de miles de personas y del secuestro de 276 niñas, de paradero aún desconocido, ha demandado la movilización del Ejército al noreste del país.

Nigeria, el país más poblado del continente, con 177 millones de habitantes y la más importante economía africana, gracias a sus riquezas, especialmente en gas y petróleo (ocupa la casilla 12 como exportador del crudo y 10 en reservas), es víctima de una creciente escalada de violencia provocada por este grupo fundamentalista, que, como ISIS en Irak y Levante, no escatima esfuerzos en su pretensión de instaurar un califato en el norte de Nigeria.

Malos gobiernos, corrupción, instituciones débiles y servicios deficientes, así como desigualdades entre un próspero sur de mayoría cristiana y un empobrecido norte de mayoría musulmana, han servido de caldo de cultivo para la profundización de extremismos que se han desbordado a los países vecinos.

Un positivo avance se dio en el marco de la cumbre de la Unión Africana realizada a finales de enero, donde Chad, Camerún, Níger y Benín dejaron atrás rivalidades históricas y se unieron a Nigeria para enfrentar la amenaza. En palabras del presidente de Níger, Mahamadou Issoufou: “Hace años que Boko Haram está ahí, pero ahora se ha convertido en un monstruo”.

Esperamos que esta coyuntura de violencia no tiente a utilizarla como excusa para una nueva posposición de las elecciones. Recordemos que se trata de uno de los comicios más disputados desde el fin de la dictadura (1999), en los que el actual presidente, Goodluck Jonathan, se juega la reelección frente al líder de la coalición opositora, el general Muhammadu Buhari, quien ya ostentó el poder de 1983 a 1985. No realizar las elecciones sería un duro golpe para la ya frágil democracia y estabilidad nigeriana.

La Unión Africana solicitó ayuda a las Naciones Unidas, y la comunidad internacional debe responder. Así como cerramos filas y nos unimos en una condena colectiva y global contra lo sucedido en París hace unas semanas, con igual fuerza y vehemencia debemos apoyar la lucha contra el grupo terrorista Boko Haram.

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