Opinión

Navidad profunda

Actualizado el 24 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Navidad profunda

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

¿Qué queremos decir realmente cuando deseamos “feliz Navidad” a los demás? Es una pregunta inquietante, pues me he sorprendido articulando esa frase como un mero formulismo más veces de lo que quisiera admitir. He dicho una y mil veces “feliz Navidad” como podría decir “pura vida” cuando por cortesía me preguntan cómo estoy. Palabras vacías.

En muchas otras ocasiones, sin embargo, realmente deseo la felicidad ajena y pongo –ponemos– el corazón en esas palabras.

Queremos que nuestros amigos, las personas que en momentos duros han tenido gestos de humanidad y, por supuesto, los seres queridos, sean felices, con nosotros, en estas semanas de cierre de año.

Pero ¿por qué desear “feliz Navidad” cuando sabemos que por más que lo intentemos nuestros problemas, incertidumbres, angustias y dolores no van a desaparecer en estos días? ¿Es que olímpicamente ignoramos que la vida tiene texturas que no desaparecen por una festividad y que para mucha gente la Navidad, más que ilusión, es tiempo de melancolía, trabajo sin respiro y tristeza?

Además de la motivación religiosa (que para muchos es enormemente significativa en las celebraciones de un día como hoy), pienso que el desear de manera sincera una “feliz Navidad” implica un reconocimiento de la fragilidad de nuestras vidas, de lo desnudos que estamos en ese tránsito tan corto que es nuestra permanencia en esta tierra.

Deseamos “feliz Navidad” porque, al fin y al cabo, sabemos que, como seres humanos, tenemos que pulsearla en serio para gozar de instantes de felicidad y paz; que esos instantes son como pegarse la lotería, y deseamos que nuestros seres significativos se la peguen, aunque sea efímera. ¿Que la vida vale la pena?, por supuesto, pero es dura y te va dejando cicatrices y una mochila de recuerdos y melancolías. Queremos, al menos por unos días, que todo esto abra paso a un estado de bienaventuranza.

Así llego al tema de la felicidad. ¿En qué consiste? Uf, todavía más complicado. Deseamos “feliz Navidad”, pero nos cuesta definir exactamente el significado de lo que estamos ambicionando para los demás.

En este punto de mi vida pienso en la felicidad no como estar contento, ni como prosperidad y ni siquiera como satisfacción con la vida, sino como un estado de apreciación ecuánime de nuestra historia, de nuestros seres queridos y de nuestras capacidades como sociedad de construir mundos más amables y justos.

Una revaloración tranquila de nuestra dignidad como seres humanos. Así entendida, ¡feliz Navidad!

Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

  • Comparta este artículo
Opinión

Navidad profunda

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota