Opinión

Mordazas

Actualizado el 19 de abril de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Mordazas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El gobierno de Nicolás Maduro no necesita consultar a los pajaritos para asfixiar a la prensa independiente. Los periódicos no alineados pagan el desafío con la privación de divisas para importar papel, que tampoco puede adquirirse en el mercado local, pues el único proveedor es el Complejo Editorial Alfredo Maneiro, empresa estatal sometida al dictado de la presidencia.

La restricción de la publicidad oficial, la agresión contra los medios y periodistas independientes y la creación de un marco jurídico amenazador, capaz de reprimir la libertad de expresión al primer intento, figuran como componentes de la fórmula diseñada para silenciar la crítica en uno de los países más necesitados del debate público abierto, a juzgar por las calamidades políticas y económicas creadas por el aprendiz de ornitólogo.

Los periódicos se encogen con tanta celeridad como las credenciales democráticas del régimen lastimosamente denominado bolivariano. El Correo del Caroní, de Ciudad Guayana, se convertirá en tabloide porque la estrategia de limitar sus ediciones a ocho páginas ya no basta para asegurar la suficiencia de materia prima.

El Carabobeño , fundado hace 81 años, en Valencia, lucha por prolongar su vida un mes más, a costa de reducir páginas y El Nacional, uno de los buques insignia del periodismo venezolano, tiene reservas de papel para tres meses. El Impulso, de Barquisimeto, carece de existencias para llegar al próximo fin de semana. NotiDiario , del estado Delta Amacuro, circuló su última edición el 7 de abril y espera continuar sus 28 años de existencia en el ciberespacio.

Para la radio y la televisión Maduro cuenta con el recurso de la multa exorbitante y, en definitiva, la cancelación de frecuencias. Decenas de estaciones de radio y muchas televisoras, incluidas Radio Caracas TV y Globovisión, ya sufrieron las consecuencias de la arremetida represiva, que no se inició con Maduro, sino con su amigo emplumado.

Pero las aves autoritarias no ponen todos los huevos en un canasto. Aparte de silenciar al crítico se crean un coro de medios prestos a irrumpir en aplausos. En Venezuela hay más radiodifusores y periódicos que nunca, con prominencia de las estaciones disfrazadas de “radio comunitaria”.

El gobierno cacarea su existencia como señal de “pluralismo”, pero todas entonan el mismo canto, plural por el número de trinos, pero monótono en el más estricto sentido de la palabra. La lección es buena para todas las democracias.

  • Comparta este artículo
Opinión

Mordazas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

Ver comentarios
Regresar a la nota