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Buenos días

Martín y el angelito

Actualizado el 17 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Martín y el angelito

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Lo llamé para que me contara detalles de lo que había dicho a la prensa. Martín Hernández aún estaba consternado (como yo). Estaba indignado (como yo). Estaba enojado (como yo). No era para menos: él había denunciado ante el PANI, el martes 8, el maltrato a un bebé de nueve meses en una cuartería del centro de San José. Tres días después, el niño estaba muerto.

Martín me hablaba con furia y tristeza. “Lo tengo grabado en la mente. No he trabajado estos días. Estoy con depresión. Tengo la cara de ese bebé... era lindo, unos ojos, unos ojos que imploraban piedad. Esa vida se perdió por culpa del PANI. Tuvieron tiempo para actuar...”.

Este taxista, de 44 años, llegó por casualidad ese martes a un taller junto a la guardería donde vio al niño. “Tenía un brazo quebrado. Un yeso lleno de firmas, como si fuera un trofeo. Tenía un piecito quebrado. ¡La uñita! ¡No tenía una uñita!...”.

Martín tomó su taxi y se fue espantado a la oficina del Patronato Nacional de la Infancia en barrio Luján. Llegó a las 10:40 de la mañana. “Me dejaron hora y media ahí sentado, no había ni una sola persona atendiendo, pero pasaron como cuatro o cinco muchachas y ninguna hacía nada, hasta que me atendió un funcionario”, dijo el viernes a un periodista de La Nación .

Le pedí que me contara más: “Las mujeres pasaban a calentar comida” mientras el funcionario explicaba con detalle a una señora cómo tramitar la salida del país a su niña.

Cuando al fin el hombre lo atendió, todo fue papeleo. “Pensé que salíamos a rescatar a ese bebé. ‘No, ese no es el trámite’”, fue la respuesta. Martín dice que ofreció ir a la Fuerza Pública a pedir apoyo, hasta usar su taxi para volver al sitio, pero no. “Ese no es el trámite”.

“Claro, los del PANI fueron al otro día, tocaron la puerta y, obvio, el dueño del búnker les dijo que ahí no vivía una señora con un bebé y se fueron. ¡Ese chiquito no tiene por qué estar muerto, estaba para recogerlo!”.

Lo que Martín pide ahora es que “el suplicio de este angelito sirva para salvar a otros”.

Para que esta muerte no quede impune, la Fiscalía no solo debe poner los ojos en la madre y el padrastro, sino en el PANI, a fin de aclarar por qué se lerdeó, por qué llegó tarde a un escenario de homicidio anunciado.

Lo otro es que el PANI tome esta experiencia para cambiar, para deshacerse de “calienta-almuerzos” y contratar a personas con vocación de servicio.

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Armando Mayorga

amayorga@nacion.com

Jefe de Redacción

Ingresó a La Nación en 1986. En 1990 pasó a coordinar la sección Nacionales y en 1995 asumió una jefatura de información; desde 2010 es jefe de Redacción. Estudió en la UCR; en la U Latina obtuvo el bachillerato y en la Universidad de Barcelona, España, ...

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