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Actualizado el 27 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

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¿Cómo un niño que amaba el fútbol y era fan del Manchester United, estudiante universitario, nacido en el Reino Unido, luego de que sus padres huyeran de Muamar el Gadafi, es el responsable de uno de los actos de terrorismo más atroces en su país de origen?

Además del responsable, a la fecha han muerto 22 personas y 64 están hospitalizadas, 20 de las cuales están en estado crítico. Como respuesta, el gobierno de Theresa May ha decretado el máximo estado de alerta y ha puesto a la orden de las autoridades policiales 3.800 miembros del Ejército.

Especialistas en seguridad concluyen que Salman Abedi no es el caso de un simple “lobo solitario”, dada la sofisticación de la bomba utilizada en este acto kamikaze. Descartan, también, que quienes tienen este tipo de expertise sean protagonistas de acciones suicidas.

Abedi podría ser miembro de una célula más amplia. De ahí la impresionante movilización que ya ha generado nueve arrestos. Según fuentes estadounidenses, Abedi estuvo tres semanas en Libia, y no se descartan vínculos con Siria y el Estado Islámico.

No es esta la primera vez que reclutadores extremistas se aprovechan de jóvenes devotos y tímidos, que se sienten apátridas en la nación que los vio nacer pero no los asimila, y por la explotación de un sentido de injusticia. Este prospecto se ha convertido en una pesadilla para las autoridades europeas.

Mi corazón y solidaridad está con tantos progenitores que viven la peor pesadilla: perder a un hijo. Son pocas las muertes declaradas oficialmente, entre las cuales se encuentran una niña de ocho años y una joven de 18. Las historias de padres esperanzados buscando en hospitales y refugios temporales son desgarradoras.

Espero que este acto no sea utilizado por xonófobos y aislacionistas en el Reino Unido, que vive un complejo proceso de separación de la Unión Europea luego del voto a favor del brexit, donde el tema de la inmigración jugó un importante papel.

Por último, aplaudo a todos los héroes quienes ayudaron a las víctimas, como los taxistas transportando sin cobro, personas llevando comida y quienes desinteresadamente brindaron alojo y cobijo a familiares en esas horas de horror. Mánchester fue golpeado por Abedi, pero también fortalecido por la respuesta de un pueblo que mostró su mejor cara y no se dejó amedrentar.

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