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‘Kristallnacht’

Actualizado el 17 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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‘Kristallnacht’

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“La noche más oscura de la historia alemana”. Así caracterizó la canciller Angela Merkel, hace algunos años, la fatídica noche del 9 de noviembre de 1938, mejor conocida como “La noche de los cristales rotos” –o “Kristallnacht”, en el idioma alemán–, y de la que, precisamente, en este año se cumple el 75 aniversario.

En esa aciaga noche, el Gobierno nazi utilizó el maquiavélico ardid de querer “venderle al mundo” el levantamiento de la población como una reacción espontánea ante el asesinato, dos días antes, de Ernst vom Rath, secretario de la Embajada alemana en París, a manos de un joven judío alemán de origen polaco.

En realidad, se trataba de una muy bien orquestada serie de pogromos, ordenados por el mismo canciller Adolfo Hitler, alevosamente organizados por su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, e instrumentados por las diferentes fuerzas policiales y de seguridad de la Alemania nazi. Entre estas, las temidas tropas de asalto de la Sturmabteilung (SA), las compañías de la Schutzstaffell (SS) y la Gestapo.

En esa noche barbárica, hordas enfurecidas se lanzaron contra los judíos y sus propiedades en toda Alemania, Austria y los Sudetes. Cientos de sinagogas ardieron, al igual que casas y edificios, y otras fueron brutalmente vandalizadas, quedando sobre las calles una alfombra de cristales rotos. De ahí, el nombre de esa noche.

Decenas de judíos perdieron sus vidas y miles fueron detenidos para ser luego deportados a campos de concentración. Según los historiadores, esta fecha representa un punto de inflexión en la política racial y el antisemitismo de la Alemania nazi, y la antesala de lo que devendría en el Holocausto.

El Holocausto es, sin duda, uno de los capítulos más oscuros no solo de Alemania, sino también de la humanidad. En él murieron seis millones de judíos (1,4 millones más que toda nuestra población) y todo aquel que atentara contra el régimen o el ideal ario de constituirse en una raza superior (verbigracia, gitanos, homosexuales, enfermos mentales o personas con alguna discapacidad).

Valga la conmemoración de esta fecha para tener presente y nunca olvidar los niveles de maldad a los que pueden llevar la intolerancia, la xenofobia y el antisemitismo. Debemos también confrontar a quienes nieguen o intenten disminuir la verdadera dimensión de este genocidio

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Muy joven, visité el Yad Vashem en Jerusalén, y luego, con mi hija Andrea, quien es historiadora, he visitado los museos del Holocausto en Washington DC y Houston, al igual que el Monumento al Holocausto en Berlín, con la firme convicción de que, para evitar que este triste capítulo de la humanidad se repita, debemos comprometernos a nunca olvidar.

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