Opinión

Jaime Daremblum: Guerras frías o calientes

Actualizado el 24 de junio de 2015 a las 12:00 am

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¿Qué ocurre con Vladimir Putin? Últimamente se le nota en los foros internacionales lanzando velados insultos contra sus supuestos enemigos occidentales. Algunos conocedores opinan que se siente frustrado por las sanciones económicas que Estados Unidos y la Comunidad Europea le impusieron a raíz de sus andanzas marciales por Ucrania. Así, al acecho, lo observamos la semana pasada en la reunión del Foro Económico Mundial que se celebró en San Petersburgo.

Su frustración ha sido acentuada por esa condición que él juzga equivalente a la de un paria, que él considera insultante. Quizás así sea, pero su presente retórica evoca los tiempos idos de la Unión Soviética. ¿Estará pensando en amenazar con una posible guerra caliente a alguno de los antiguos vasallos de Europa Oriental que boicotean el gas natural ruso?

En todo caso, nos sorprende lo que dice Putin y cómo lo expresa. Creíamos superadas las tensiones de la Guerra Fría, aquellos tiempos grises posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que el derrumbe del Estado soviético estuvo plagado de aventuras polémicas en el exterior. Una muestra: los cohetes en Cuba y el fiasco en Afganistán. Más adelante, cerca de los años 90, Boris Yeltsin, el popular exalcalde de Moscú, tomó las riendas de la Rusia que emergió del colapso.

Parte de la fortaleza que Yeltsin proyectaba provenía de su esperada magia para abrir las arcas de Estados Unidos y otras potencias capitalistas que respaldarían la transición democrática. Posteriormente, aunque victorioso en los comicios que inauguraron su segundo período presidencial, Yeltsin se veía cansado y enfermo, en parte quizás por su alcoholismo. La corte de Yeltsin, un círculo de oligarcas amigos, le aconsejó entonces traer como su asistente a Vladimir Putin, un poco conocido oficial de los mandos medios de la KGB, los temibles servicios secretos soviéticos.

Hoy, presidente longevo y veterano de controversiales procesos electorales, Putin es conocido como un impredecible sátrapa que suele apoderarse de territorios ajenos. Sus recientes anuncios de poseer ultramodernos misiles intercontinentales capaces de perforar las defensas de los países de la OTAN, así como la recitación de los prodigios bélicos de Moscú, demandaron de los voceros de la alianza occidental denunciar el tableteo ruso como “poco constructivo”.

Dudamos que Putin llegue a encender fuegos bélicos de los de verdad entre las democracias vecinas de Europa, pero nadie niega que, de abusar de sus fábulas mundiales, algún agente anónimo lo silencie mediante unas pocas gotas de la poción nuclear tan en boga en el Kremlin en estos días. Jaime Daremblum es abogado y politólogo, director de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute en Washington, exembajador de Costa Rica en Washington y Ph.D. de Tufts University, Flectcher School.

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