Opinión

Jactancia y negligencia

Actualizado el 24 de agosto de 2016 a las 12:00 am

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Jactancia y negligencia

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En los inicios de la campaña presidencial en Estados Unidos, Donald Trump exhibió sus pretensiones de supermillonario. Algunos reporteros le preguntaron cómo financiaría su carrera por la nominación del Partido Republicano, y el engreído Trump respondió que él pondría de su bolsillo cuanto fuese necesario.

Hasta hace muy poco esa era también la impresión general. Al fin de cuentas, como él había expresado, gracias a su fortunita personal, estimada en $10.000 millones, no tenía por qué mendigar contribuciones.

Más tarde, llegada la hora de abrir gavetas, la prensa volvió a la carga en busca de la declaración de bienes de Trump, como ya otros candidatos habían presentado junto con su correspondiente declaración de impuestos. En esta oportunidad Trump dijo que no podía entrar en detalles porque la IRS, la temible agencia federal de impuestos, lo estaba auditando.

Tanto cuento exasperó a los medios, que no perdieron tiempo en satisfacer sus dudas por otras vías. El primer cañonazo se sintió el domingo con un reportaje del New York Times sobre los enredos financieros del candidato Trump. Y qué decepción ha sido el desenlace. La fantasía de la fortuna trumpista quedó así expuesta, ofreciéndoles a los lectores los detalles de las superdeudas de Donald. El cuadro a la vista del público resultó ser muy distante de las fábulas de Simbad y Alí Babá que venía propagando Trump.

Sin embargo, al paso de la depresión en las encuestas favorables al candidato republicano, brincó al ruedo una serie de lamentables hechos en los dominios de Hillary Clinton. A la postulante otra vez le salieron las colas de viejos problemas relativos a los servidores de cómputo, en que la exsecretaria de Estado utilizó los servidores de la esfera pública combinados con su correspondencia privada.

El FBI ha venido haciendo olas en torno al descuido en el uso de los servidores y, según el jefe del FBI, podía constituir un delito, aunque “por ahora” se abstendría de perseguirlo penalmente. Ayer, la prensa informó de 15.000 correos adicionales vinculados a la controversial Fundación Clinton. Y parece venir más y más al fuego de los escándalos que amenazan hundir con la campaña presidencial de Hillary.

Por si faltaban desgracias, las llamas de los tristes acontecimientos en Bengasi (Libia), que conllevaron la muerte del embajador norteamericano y dos oficiales más, han resurgido para de nuevo inculpar a la entonces secretaria de Estado por negligencia en lo sucedido.

Como vemos, las penas no viajan solas. Los enredos de Trump y los pecados de Hillary configuran el drama político del momento. Ojo a las encuestas.

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