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Insensibilidad

Actualizado el 02 de septiembre de 2017 a las 11:00 pm

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La jueza Yoselin Quesada, del Juzgado de Trabajo de Pococí, declaró ilegal la huelga del Poder Judicial debido a la paralización de servicios esenciales. En particular, citó la afectación de la salud física y sicológica de quienes esperaron durante días la entrega de cuerpos en la morgue.

Quien haya perdido a un ser querido sabe del insomnio y el lento paso de las horas entre el fallecimiento y la sepultura. Es un proceso doloroso y agotador, aunque normalmente se mide en horas, no días. La forzada prolongación del velorio, sobre todo de personas fallecidas en circunstancias violentas, como en la mayoría de casos examinados por la morgue, es una crueldad, precisamente por el impacto físico y emocional sobre los deudos.

La jueza de Pococí tiene toda la razón y difícilmente encontrará críticos, salvo entre los sindicatos responsables de demorar la entrega de los cuerpos. Para la dirigencia, la jueza hizo una mera “apreciación”. Algún sustento encontrarán para esa tesis. Quizá pregunten cómo llegó la jueza a sus conclusiones sin examinar a los deudos u obtener dictámenes de sus padecimientos.

A menudo, el derecho se presta para esos juegos, pero, por lo general, la lógica y el sentido común se hacen sentir como elementos integradores de las normas jurídicas. La negación de la experiencia humana es un argumento difícil de sustentar. La jueza no falló con base en una conjetura. Sobran los testimonios del dolor y de las cicatrices causadas por la muerte de un ser querido. Son tantos que no hace falta recabarlos. En otro caso, la indignación nacional frente a la retención de los cadáveres habría sido menor.

La causa de los huelguistas no es justa. Pelean por conservar pensiones de privilegio, incosteables para su sistema de jubilaciones y potencialmente dañinas para el erario. Así lo han constatado los estudios encargados a expertos. Pero el principal error de la protesta se produjo a las puertas de la morgue. La reducción de las conclusiones de la jueza a una mera “apreciación” demuestra que la lección no fue aprendida.

Si la acumulación de cadáveres y de dolientes en espera de retirarlos fue una muestra de indescriptible insensibilidad, la negación del impacto físico y sicológico de esa crueldad magnifica la indiferencia ante el dolor ajeno. Es importante estar atentos a los argumentos utilizados contra la sentencia de la jueza de Pococí para aquilatar hasta donde llega la defensa de las pensiones de privilegio.

Armando González es director de La Nación.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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