Opinión

Ingenuidad fiscal

Actualizado el 07 de agosto de 2017 a las 10:00 pm

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Ingenuidad fiscal

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Mucha ingenuidad ha desfilado ante mis ojos sobre la crisis fiscal. Ingenuos éramos quienes creíamos que bastaba con proponer medidas económicas cuando el problema, en esencia, era político.

Ingenuo fue el PLN en el 2006 al creer poder evitar el ajuste exhortado por los exministros de Hacienda (los exculpables) surfeando sobre la cresta del ciclo expansivo mundial, pero más ingenuo fue su gobierno al combatir los efectos de la crisis internacional, al estallar, aumentando la planilla (23.000 plazas) en el 2009, sin prever sus muescas en las futuras finanzas. No dejó servida la mesa fiscal.

Ingenua fue la fracción legislativa oficialista en el 2011 al vejar el procedimiento democrático de la reforma fiscal sabiendo que la Sala IV le enmendaría eventualmente la plana, pero más ilusa fue la presidencia al tirar la toalla reformista ante el fallo e inclinarse por emitir eurobonos para taconear la bola hacia adelante. Igualmente lo fueron los diputados de oposición que, con el confite de recibir un residuo de eurobonos, los aprobaron sin pensar en el impacto cambiario y la deuda externa.

Ingenuidad destilaba el PAC al creer poder resolver lo fiscal conteniendo el gasto en los primeros dos años, sin impuestos, pero más ingenuo fue su primer ejercicio presupuestario al subir un 19% y, dentro de él, un 13% a las universidades. También pecó al creer que podía persuadir a la oposición de aprobar impuestos sin tocar el gasto ni pluses salariales, y más ingenuo fue su último y extemporáneo lamento por la sequedad del mercado, cuando todos lo habíamos advertido. Bien dicen mis colegas en Ecoanálisis: no hay mercado seco si se está dispuesto a pagar la tasa de mercado.

Ingenuos fueron los candidatos menores al sugerir medidas alternativas a las del gobierno –congelar plazas, pluses, transferencias (universidades), privatizar activos y una buena regla fiscal– sabiendo que Zapote les prestaría oídos sordos, e ingenuo se reveló el puntero cuando, rodeado de exculpables, tildó al gobierno de único causante de la crisis y le exigió cargar a cuestas la cruz del ajuste ante el elector, a condición de aportar los votos de su fracción. Pero más ingenuo resultaría el presidente, propenso a caer en esa trampa, pues no percibiría un cinco de la reforma, sino el total del costo político. Y, sin embargo, lo vimos coquetear, presto a servir en bandeja la mesa a Liberación. ¿Querrá sepultarse en cajita blanca como el más ingenuo de todos los ingenuos?

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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