Opinión

Informales

Actualizado el 11 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Informales

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La próxima vez que un chofer de Uber frene ante la luz roja de un semáforo, debería saludar como colegas a quienes se le acerquen para ofrecerle flores, melcochas, banderas o piruetas de circo. Sus ocupaciones y vías para impulsarlas son muy distintas: en un caso, ofrecer servicios mediante apps que vinculan oferta y demanda con óptima eficiencia y facilidad transaccional; en el otro, vender chucherías o asombro al pregón, con enorme esfuerzo y mínima retribución.

Sin embargo, la naturaleza laboral de ambos grupos, sus vínculos –o falta de ellos– con la seguridad social, su limbo regulatorio y su desconexión del sistema tributario los hacen similares. Están ligados por la informalidad. Lo mismo ocurre con quienes asesoran sin facturas o crean productos digitales desde oficinas de paso.

Todos esos casos reflejan una realidad cuantificada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos: la informalidad y el trabajo por cuenta propia están creciendo. Según su más reciente encuesta, el porcentaje de trabajadores informales pasó de 42 en el segundo trimestre del pasado año, a 44 en el actual; los que trabajan por cuenta propia crecieron un 9,5%.

El mayor impulso de estos cambios proviene de una mezcla de burocratismo, desaceleración y pauperización económica, que debemos revertir. Pero también surgen de transformaciones en las estructuras y dinámicas productivas, que no podemos –ni debemos– frenar. La individualidad e informalidad productivas tienen hoy esteroides tecnológicos. Están para quedarse.

El abordaje del fenómeno no pasa por ahogar a los emprendedores o “pulseadores”; tampoco, por dejarlos a la libre. Mejor formalizarlos con buenas estrategias.

Dos saltan a la vista: por un lado, encauzar sus actividades mediante la facilitación de trámites, regulaciones ágiles, clarificación de sus condiciones laborales o contractuales, fórmulas prácticas para que coticen a la Caja y a Hacienda, y normas para proteger a los usuarios. Por otro, acelerar la transición de la informalidad menos productiva (vender tiliches) a la que genera mayor valor (aplicar conocimientos).

Se trata, en síntesis, de entender la realidad, moldearla con inteligencia y abrir caminos para que la autonomía laboral deje de ser un problema y se convierta en fuente de progreso individual y social.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

  • Comparta este artículo
Opinión

Informales

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Eduardo Ulibarri

radarcostarica@gmail.com

Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

Ver comentarios
Regresar a la nota