Opinión

Ineficiencia beneficiosa

Actualizado el 13 de septiembre de 2017 a las 10:30 pm

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Ineficiencia beneficiosa

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No sé por qué, quizá sea el retorcido morbo que todos cargamos encima, pero he venido celebrando en mi fuero interno la tremenda ineficiencia del Consejo de Seguridad Vial (Cosevi) a la hora de devolver las placas a los que pillaron mal parqueados.

Hasta hace poco, con una vieja ley sin dientes, poner luces intermitentes era patente de corso para que cualquiera se estacionara donde quisiera, incluido bajo un rótulo de “prohibido estacionar”.

Hoy día, una nueva ley acabó la fiesta. Encima, los que se parquean mal tienen que esperar días para que les devuelvan las placas con lo que, finalmente, se configuró una sanción respetable a quienes se pasan las normas de tránsito por el forro.

Nunca creí estar vivo para contarlo: por una vez en la vida, la ineficiencia estuvo al servicio del bien común. Podría caer en cruz y exclamar: “¡Solo en Costa Rica!”, pero estoy seguro de que en otras partes del mundo también ocurrirán maravillas así.

Aprovecho el júbilo general para plantear esta (modestia aparte) excelente idea: un concurso público con las apelaciones que presentan los choferes. Un jurado imparcial premiaría el cuentazo más inverosímil. Al ganador el Cosevi le devolvería la placa con solo dos días de retraso. ¡Todo un ahorro!

Ese jurado no la tendría fácil, pues tendría que escoger entre el fulano que argumenta que parqueó mal porque se estaba cuiteando, el que huyó de una invasión de marcianos y el que justifica estacionarse en el carril del centro de la General Cañas pues no hay letrero prohibiéndolo.

Quienes pierdan el concurso, eso sí, serían sancionados con dos días adicionales de retardo en la devolución de placas. O sea, piénselo bien antes de jugársela.

¿Qué les parece? Felicitaciones enviarlas al correo de abajo. Es una idea sencilla que ayudaría a culminar un cambio cultural fulminante. En pocos meses nos comportaremos como suizos: tomaremos las regulaciones en serio, no por las razones virtuosas de los valores, sino por las más banales del bolsillo.

Los cambios culturales rápidos son posibles, aunque mucha teoría social diga lo contrario. Lo son cuando una mezcla de zanahoria y garrote convence a los individuos de que es mejor respetar las reglas.

La principal lección de todo esto es que no hay que ver las declaraciones de buenos principios y los objetivos de una ley. Lo que hay que cuidar bien es que cree los mecanismos para combatir la impunidad.

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