Opinión

Igualdad, no privilegios

Actualizado el 29 de julio de 2017 a las 10:00 pm

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Igualdad, no privilegios

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El Poder Judicial es un elemento indispensable de la vida democrática. Garantiza la resolución pacífica de conflictos, castiga el delito y salvaguarda los derechos de los ciudadanos. Un papel tan destacado merece aprecio, pero no fundamenta el reclamo de privilegios y distinciones odiosas para la vida republicana.

Otras instituciones son igualmente indispensables para resguardar la democracia y quienes sirven en ellas hacen, cuando menos, tantos sacrificios como los funcionarios judiciales, si no más. No hay democracia sin prensa, para poner un ejemplo. El autoritarismo abomina de la libertad de expresión y la erradica antes de hacer lo mismo con la judicatura independiente. La historia está llena de ejemplos, pero eso no autoriza a los periodistas a exigir de la sociedad una especial compensación.

No hay democracia, ni judicatura capaz de serle útil, si el poder coercitivo del Estado no está en manos de una Policía civilista, respetuosa de las órdenes judiciales y dispuesta a correr graves riesgos para salvaguardar la paz, pero nuestra Fuerza Pública está lejos de disfrutar condiciones de privilegio.

Tampoco hay democracia, ni república, sin un Poder Ejecutivo encargado de conducir al país con apego a la Constitución y las leyes, pero en el Gobierno Central laboran los empleados peor pagados del sector público. La legitimidad de las leyes aplicadas por la Corte Suprema de Justicia descansa en la indispensable aprobación del pueblo, representado en la Asamblea Legislativa. Sin eso, no hay democracia.

Quizá sea posible una democracia sin médicos, pero habría que preguntarse por su utilidad. Cuando la enfermedad acecha, casi nada más importa. Las ciencias médicas exigen grandes sacrificios, pero los recogedores de basura se ven obligados a madrugar cada día para enfrentar su ingrata e indispensable labor. Un alto funcionario judicial afirmó que el país se daría cuenta de la importancia de la Corte apenas iniciada la huelga. Los magistrados, otros jueces y sus familias se darían cuenta de la importancia de los trabajadores sanitarios apenas dejaran de recoger la basura.

Reconocer la majestad del Poder Judicial no implica reverenciar a sus funcionarios. Son servidores públicos con una tarea particular e importante. No tiene sentido discutir si más o menos que otras. Por eso no convencen las protestas de excepcionalidad emanadas de la Corte para defender sus pensiones de privilegio. Bien deberían saberlo los encargados de asegurar la igualdad ante la ley.

Armando González es director de La Nación.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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