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Igual sin foto

Actualizado el 29 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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Se le atribuye a un político europeo de fines del siglo XX una explicación en dos tiempos de por qué, sin que importen los defectos que se le puedan señalar, hay que optar por el sistema democrático liberal. Deploraba él que en una democracia se tengan que contar, tras las elecciones, todas las cabezas, incluidas las vacías y las deshonestas; pero observaba que, si se segregaran algunas sobre la base de que no sirven para contarlas, podría surgir en alguna parte la idea alternativa de cortarlas o destrozarlas, lo cual es, como lo demostrarían más tarde los yihadistas, un intolerable rasgo de intolerancia.

No deja de ser curioso que ese político gentilmente elitista haya omitido mencionar que esa imposibilidad de segregación de las malas cabezas también da pie para que, con frecuencia, cabezas vacías y deshonestas resulten democráticamente escogidas para gobernar países civilizados. Vimos en las redes sociales un trabajo de photoshop –en español, fotografía alterada– que consiste en una combinación de los rostros de Hillary Clinton y Donald Trump, tan perfecta que casi llega a demostrar que son indistinguibles. El competente acierto del artista le abrió a nuestra imaginación espacio para intentar algunas consideraciones sobre las características psicológicas de los dos personajes que, ya es casi seguro, se disputarán la presidencia de Estado Unidos.

El impecable Frankenstein fotográfico nos hizo sentirnos complacidos porque el problema de encontrar buenas razones para votar por la una o por el otro se les plantea solo a los pobres electores estadounidenses. Por lo demás, no es descabellado pensar que para ellos todo se reduce a escoger una cabeza algo vacía y algo deshonesta.

Pasamos luego a preguntarnos si el pánico que muchos “formadores de opinión” de Europa y América Latina han expresado ante un posible triunfo de Trump no es un simple acto de hipocresía. Son abundantes las cabezas vacuas y turbias que en los últimos decenios han figurado como gobernantes democráticamente electos en ambas regiones sin que se haya tocado a rebato, y no deja de ser sospechoso que algunos de quienes en nuestro patio se muestran alarmados por el “impensable” ascenso de Trump y ahora dicen darle un apoyo devoto a la demócrata Clinton, siempre han aprobado los desaciertos y las desviaciones del Partido Republicano gringo.

Algo hace pensar que, fuera de EE. UU, hay cabezas confundidas, para las cuales estamos frente a un candidato único: el que se ve en el fotochop.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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