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Una victoria pírrica

Actualizado el 25 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Una victoria pírrica

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El Gobierno ganó la batalla contra los recortes presupuestarios, pero podría perder la guerra del déficit fiscal. Al final, será una victoria pírrica. Los grandes perdedores seríamos el país y todos nosotros. ¿Cuáles alfiles nos fallaron?

Ha quedado claro que el Gobierno no tiene ninguna inclinación a recortar el gasto. ¿Dónde está el cambio? Ahí no. No ha contemplado las consecuencias negativas de un presupuesto por ¢7,9 billones, con un marcado incremento (19%) y un déficit de 6,7% del PIB. Lo persuadió poco el despilfarro en asesorías, horas extras, viajes al exterior, propaganda, nutrición (¡pobrecitos!) y demás erogaciones señaladas en el dictamen de mayoría de la Comisión de Hacendarios.

El dictamen de la Comisión fue rechazado en plenario por la holganza de muchos diputados de oposición. No supieron coincidir para apoyarlo, a sabiendas de que llevaba recortes reales por ¢95.000 millones, ni, tampoco, apoyar otros dictámenes de minoría que también preveían recortes sustanciales. Entonces, el presidente del Congreso se sacó un as de la manga para tener por aprobado el proyecto de presupuesto, tal como fue enviado originalmente el Ministerio de Hacienda, sin una nueva votación. Una razón de más para que la oposición se una el próximo 1.º de mayo para controlar el Directorio legislativo.

Según lo reportado por la prensa, el Movimiento Libertario echó la sopa a perder. ¡Increíble! Ellos, que siempre criticaron el despilfarro fiscal, resultaron incapaces de apoyar a otras fracciones para aprobar los recortes. También comparten culpas las fracciones del PUSC (que apoyó al PAC para controlar el Directorio a cambio de un puñado de asesores) y del PLN, pues su deber era garantizar la presencia de suficientes legisladores de sus bancadas para hacer lo que debían hacer, e invitar a las fracciones menos numerosas a colaborar. Juntos, habrían podido aprobar un presupuesto menos voluminoso y sentar las bases de una nueva responsabilidad fiscal.

Ahora viene otra etapa: la eventual votación de los proyectos de ley del Ejecutivo para incrementar impuestos y la recaudación. Ahí veremos quién es quién. Si la oposición se raja de nuevo, y los aprueba, el daño sería total: más impuestos para mayores gastos, pues los nuevos ingresos también se gastarían –que ni darle vuelta– y el déficit presupuestario continuaría caminando tan campante (como Johnny Walker). Tampoco habría reforma del Estado, reducción ni contención de salarios públicos, ni límites a otros disparadores del gasto. Un “¡Viva la Pepa!” total. Da grima y ganas de no sé qué.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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