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Actualizado el 17 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Varias noticias recientes emanadas del partido gobernante revelan una visión cada vez más intervencionista del manejo de la política económica. El PAC está mostrando su verdadero rostro.

Primero, el rechazo frontal a la designación del economista William Calvo como miembro de la Junta Directiva del Banco Central, por parte de la Comisión Legislativa de Nombramientos liderada por el PAC. Si alguien está capacitado para el cargo es él, por su alta preparación académica y sus treinta y tantos años al servicio del BCCR y el Consejo Monetario Centroamericano. Lo vetaron por creer en el libre mercado. ¡Qué gran pecado!

Otra tiene que ver con la independencia del BCCR, en alitas de cucaracha. El presidente del Congreso, Henry Mora, advirtió lo que debe hacer la institución en política cambiaria: “Que el valor de la divisa no dependa de lo que ocurra en el mercado”. Pero ¿cómo pretender ignorar lo que ocurra en el mercado, si es el precio más importante del comercio internacional? Poco respeto inspira quien irrespeta tan abruptamente las leyes universales de oferta y demanda.

El presidente de la República, Luis G. Solís, no se quedó atrás. También metió la cuchara en una institución supuestamente autónoma. Dijo: “Queremos mantener un sistema de bandas, pero hay que achatarlas de manera tal que estas oscilaciones en el mercado se reduzcan”. Mantenerlas es, en sí, un acto de permanente intervención, pero achatarlas lo es aún más. Impiden rescatar la autonomía de la política monetaria para controlar bien la inflación, pues conllevan cambios no programados de liquidez, contrarios a lo dictado por la técnica. Y, si el riesgo cambiario se traslada de nuevo al Central, como en las “minis”, aumentarán sus pérdidas de operación y, con ellas, la inflación futura.

Lo anterior pone en entredicho la gestión del nuevo jerarca del BCCR, Olivier Castro. Si no actúa como el presidente de la República (o el de la Asamblea) le indican, lo podrían remover, pues sirve a entera discreción del Consejo de Gobierno, que puede disponer del cargo sin tener, siquiera, que pagar prestaciones. ¿Será por eso que varió, de hecho, la resolución de intervención de la Junta Directiva anterior? Antes se intervenía a posteriori para controlar oscilaciones violentas, ahora se interviene antes de que las cotizaciones empiecen a respingar. ¿Caímos, de hecho, en un tipo de cambio fijo? Olivier Castro afirmó que respetaría el mercado. Ojalá no lo hagan retroceder.

No deseo finalizar esta columna sin antes expresar mi sentir por la partida del amigo Alberto Cañas, hombre de letras y de mucho bien. Paz a su espíritu bienhechor y mosquetero.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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