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Actualizado el 10 de junio de 2014 a las 12:00 am

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¿Cuál es el problema? Hay un desequilibrio macroeconómico proveniente del déficit fiscal, reflejado en el alto desbalance en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Antes se financiaba con entradas privadas de capital y sobraba para acumular reservas. Ya no. Ahora se recurre al endeudamiento público externo y, aun así, resulta insuficiente.

Entonces, el problema no es cómo financiarlo, sino cómo reducirlo. Pero el Gobierno no ha definido la forma de hacerlo. Eso genera incertidumbre. Quizás piensa que podrá seguir rodando el déficit dos años más (o más), que el tipo de cambio se podrá estabilizar a punta de reservas sin reducir las importaciones, o no vea la necesidad de ajustar las tasas de interés ni controlar la expansión crediticia. Tal vez considera que el problema no es problema.

La indefinición en política económica tiene su costo. Alimenta expectativas negativas y puede deteriorar más la realidad. En lo fiscal, trascendió la intención de evitar que el déficit se siga incrementando (aspecto positivo), y se enunciaron (vagamente) medidas para controlar la evasión y elusión tributarias, y eliminar plazas vacantes (también, positivo). Pero no serán suficientes. El déficit ronda ¢1,5 billones y no se podrá enfrentar con paliativos.

En lo cambiario hay confusión. Olivier Castro ha dicho que pretende “reducir volatilidad del tipo de cambio, pero sin contradecir la tendencia del mercado”. Es, justamente, lo que dicta la segunda decisión de intervención de la Junta anterior, aún vigente. Pero interviene todos los días impidiendo el mínimo ajuste. ¿Logró ya el nivel de la tendencia del mercado? Aunque algunos lo cuestionan, yo estoy dispuesto a darle el beneficio de la duda, bajo la premisa de que sus técnicos saben cuál es esa tendencia. Pero debe ser muy cuidadoso de no convertir la intervención en la regla, en vez de la excepción. También debe definir si mantendrá la meta de inflación original, o la subirá para pretender abatir el desempleo. Espero que el próximo programa macro- despeje las incógnitas.

La política salarial también está en “veremos”. ¿Subirán los salarios en términos reales a corto plazo, a costa de una futura mayor inflación? ¿Con cuáles recursos financieros enfrentarán la pobreza y distribución del ingreso? Si controlan artificialmente el tipo de cambio para forzar una menor inflación, sin una adecuada reforma fiscal, el ajuste vendría por tasas de interés y menor crecimiento. Pienso que deben resolver primero el desequilibrio macro- para generar confianza y estabilidad, y, después, los demás problemas. Eso hicimos en 1990 y funcionó. Si hubiéramos titubeado, el costo habría sido mayor.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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