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Actualizado el 03 de junio de 2014 a las 12:00 am

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¿Cuál es el verdadero mensaje de la huelga de los educadores? Hay varias formas de interpretarlo. La más evidente, y, probablemente, la más justa, es la lucha por el pago puntual de los salarios para todos y cada uno de los docentes. Pero no es la única interpretación.

Leonardo Garnier, exministro de Educación, insinuó “algo” en su comparecencia ante la comisión de la Asamblea Legislativa que lo interpeló, pero no quiso poner el huevo. Dijo, más o menos, que todo sistema informático para pagar planillas es susceptible de reflejar errores, que siempre han existido y se han solucionado, pero que, en su opinión, los educadores se estaban manifestando por “algo más”.

¿Cuál es ese “algo más”? Yo no voy a poner en sus labios cosas que él no quiso revelar. No me corresponde. Pero voy a expresar mi pensamiento sobre los mensajes indirectos de este movimiento que ha causado pesar y preocupación. Pienso que los educadores son muy astutos, al igual que los dirigentes sindicales del sector público que los apoyan, y pienso, también, que las autoridades del Ministerio de Educación y el Gobierno lo saben y han empezado a curarse en salud. No sé si, al final, saldrán bien parados. Pero lo que se perfila es fuerte.

Lo que los sindicatos han hecho es tensar sus bíceps, mostrar en público la fuerza de su pegada, y desafiar al Gobierno para comprobar de cuál estofa está hecho. Lo irónico es que ha sido una huelga en la cual ambas partes concuerdan en el fin (el MEP está desesperado por pagarles, pero no puede por dificultades informáticas). Más bien, la intransigencia es para prevenir la discusión de los pluses salariales y demás beneficios de los servidores públicos, considerados por ellos como una conquista social. El mensaje se ve muy claro: no intentar afectar sus beneficios so pena de desatar una huelga indefinida, capaz de quebrarle el espinazo a la Administración Solís.

También abogan por levantar el veto a la reforma legal para permitir la huelga en los servicios públicos esenciales, y por los venideros ajustes salariales (querrán incrementos reales a la base que se multiplicarían por efecto de los pluses, y no al final del escalafón). El Gobierno lo sabe o lo intuye. Por eso, ha tratado de romper la unidad de los huelguistas y ha exigido deponer la huelga para retornar a la mesa de negociación. Al momento de escribir estas líneas, no sé quién prevalecerá. Al final, cuando las aguas vuelvan a su nivel, ambas partes reclamarán victoria. Pero yo tengo mis reservas.

La verdadera guerra vendrá por los pluses y otras reivindicaciones. Ahí se verá quién es quién. Entonces, sabremos si la intuición me da la razón.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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