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Actualizado el 04 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Todos aprendimos mucho en estas elecciones, particularmente las casas encuestadoras, estrategas políticos, candidatos, publicistas, comentaristas, periodistas y formadores de opinión. ¿Qué hicimos mal (o bien)? Debemos reconocer con humildad los yerros y celebrar con júbilo los aciertos.

Empezaré por los míos. Erré al pensar que don Luis Guillermo Solís no tenía ningún chance. ¡Disculpas! Así como él reconoció con hidalguía en un debate que don Johnny Araya no había sido objeto de lo que se le atribuyó, yo debo actuar con la misma caballerosidad: en desagravio, considerarémuy seriamente las opciones del 6 de abril.

Acerté al vaticinar la segunda ronda electoral, y al considerar que don Rodolfo Piza no tenían ninguna posibilidad real (a pesar de sus grandes capacidades), que le convenía una alianza con el Movimiento Libertario pues, solos, se les haría muy cuesta arriba luchar contra un rival de la magnitud del PLN, y que Villalta había irrumpido con fuerza en el escenario electoral costarricense con altas posibilidades de convertirse en un actor principal. Y, aunque no me calan sus ideas, también debo felicitarlo por su tenacidad durante (casi) toda la campaña. Al final, se desinfló.

¿Qué decir de las casas encuestadoras? Supongo que estarán tan confundidas como yo. Al principio, dudé de si CID-Gallup le había atribuido a Johnny Araya una victoria demasiado contundente, pero al final acertó al reconocer su pendiente descendente (al igual que Guevara) y el tardío ascenso pronosticado de don Luis Guillermo Solís. Ellos creyeron, sin embargo, que la segunda ronda sería entre el PLN y el FA; yo también. Pero, bueno, el electorado lanzó los dados a su manera y hay que respetarlo. Unimer, en cambio, descartó al PAC e insinuó que ganaría Villalta. Esa fue su última deposición. Lástima que La Nación decidió no publicar su más reciente sondeo. Quizás se podría haber reivindicado.

Pero no hay que llorar por la leche derramada. El reto es emprender, desde ya, las alianzas de rigor para la segunda ronda electoral. Al principio, se resistirán (como hizo Epsy Campbell, el domingo en la noche, en una declaración arrogante), pero es lo lógico en un país electoralmente fraccionado y con un Congreso partido en claros bloques de derecha e izquierda. La segunda ronda debería permitir conformar acuerdos permanentes, de conformidad con la afinidad ideológica de los partidos, al menos por cuatro años. Si no, la ingobernabilidad podría tomar de rehén al pueblo de Costa Rica. Sería muy triste e injusto no poder resolver los problemas económicos y sociales por la vanidad de políticos reacios a negociar con transparencia e inteligencia.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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