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Actualizado el 21 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Me perturban las diferencias tan marcadas entre las encuestas de Cid-Gallup y Unimer. Según algunos analistas, obedecen al uso de bases diferentes para calcular los porcentajes, pero esa explicación no me satisface enteramente. Sigo rumiando.

Las discrepancias se centran en el porcentaje de intención de votos para Johnny Araya (39%, Cid-Gallup; 20%, Unimer); las distancias tan marcadas (o tan cercanas) entre los tres punteros (Araya, Otto y Villalta); las posibilidades reales de una segunda ronda electoral (en una, sí; en otra, no); y los titulares para difundir la noticia, que podrían estar más (o menos) sesgados.

Para Cid-Gallup, un 39% de los decididos a votar lo haría por Araya. Eso afirmó el titular. De ahí se podría inferir que todo muere en febrero, pues estaría muy cerca del 40% necesario para cargársela en la primera ronda electoral. Pero, si se incluye a los indecisos, que todavía pululan, su porcentaje bajaría al 29% y sería más difícil predecir un triunfo el 2 de febrero. Tendría que seducir a (casi) todos los indecisos (e indecisas) en 15 días, y asegurar que (casi) ninguno(a) votaría por otros candidatos. Es difícil.Para Unimer, el apoyo a Johnny representa solo un 20,3% de los probables votantes (78,6% del padrón), es decir, incluye indecisos (32,1%), pero excluye el posible abstencionismo (21,4%). Ese porcentaje es muy distinto del 39%, según la Cid, y también difiere del 29% recalculado en esa misma encuesta al incluir los indecisos. En esas circunstancias, aumenta considerablemente la posibilidad de una segunda ronda electoral. Pero hay aún más diferencias. Para Cid, Araya aventaja en mucho a Villalta y duplica la intención de voto frente a Otto. Para Unimer, en cambio, los tres están en un empate técnico, pues las diferencias se ubican en el margen de error.

¿Por qué ese divorcio tan conspicuo entre dos casas con el mismo oficio? Lo curioso es que, en otros aspectos menos relevantes, las encuestas se asemejan mucho. Los demás candidatos y sus respectivos partidos no cuentan estadísticamente, aunque les hubieran dado pelota en los debates. Tampoco habrá sorpresas provenientes del PAC o del PUSC, pues cada uno cuenta con un solitario y triste dígito. Su suerte está echada. Lo advertí desde diciembre. Para abril, quizás sí podrían influir. Desde ahora veo al PAC apoyando al FA (coquetean sin pudor en los debates), al ML guiñándole un ojo al PUSC, y al PLN dejando la puerta abierta. ¿Por qué los partidos más pequeños no buscaron el alero de los grandes cuando aún tenían algún valor? En un sistema pluripartidista y fragmentado, como el nuestro, las coaliciones deberían estar a la orden del día.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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