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Actualizado el 20 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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La carta abierta de la ministra de Agricultura, Gloria Abraham, a la Corporación Arrocera es casi perfecta. “Perfecta” por su certero diagnóstico de las distorsiones en el sector arrocero y abusos que se comenten; el “casi” es por las soluciones.

Trajo a colación el estudio del Instituto de Investigaciones de la UCR, intitulado Análisis del mecanismo para estimar y determinar el precio del arroz en la cadena de comercialización (edité un poco el título original, pues, si no, se me hubiera ido toda la columna solo en él).

El estudio confirma lo que muchos, antes, habíamos indicado: la intervención estatal ha distorsionado los precios a favor de los grandes (pocos y ricos), en detrimento del consumidor (muchos y pobres), sin lograr incrementar la productividad. Bien dice la ministra: “La participación del Estado debe corregir distorsiones y nunca profundizarlas”. Sabias palabras. Solo por ellas la haría la mejor ministra de este infortunado Gobierno y pediría a Dios tener en su gloria a doña Gloria.

En términos académicos, las distorsiones se explican así: el Estado imponía altas restricciones arancelarias y prohibiciones a la importación de arroz para evitar la competencia. Como consecuencia, el arroz era caro en CR (proteccionismo 101). Después, para evitar que grandes consorcios aprovecharan su posición monopolística, decidió regular los precios internos (proteccionismo 102). En una tercera etapa, se soltaron los precios de ciertos tipos de arroz dependiendo de la calidad y porcentajes de grano entero, pero continuó prohibiéndose la libre importación y fijándose el precio del grano 80/20 (proteccionismo 103). Luego, apareció la Corporación, controlada por grandes productores e industriales en un claro conflicto de intereses (protección 104).

Doña Gloria, molesta, les reclamó: “Los que producen verticalmente integrados, que son pocos, sacan ventajas económicas del modelo, obtienen rentabilidades mayores en toda la cadena, acceden al contingente de arroz en granza con cero arancel, beneficio que se brinda por la compra de producción nacional que, en muchos casos, es su propia cosecha. También acceden al contingente arancel cero de arroz pilado”. Excelente caracterización. Pero se quedó corta en la solución. Y aquí es donde viene el “casi”. Decidió sustituir (eventualmente) el actual esquema por uno nuevo de fijación de precios y subsidios a los productores pequeños, aunque sean ineficientes. ¿Por qué no aprovechar para permitir la libre importación sin cuotas ni aranceles? Creo que vendrá un nuevo proteccionismo (105) y nunca se reconvertirá la agricultura. Y seguirá costando caro el gallo pinto.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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