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Actualizado el 06 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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El desequilibrio macroeconómico es una historia de años. Los últimos ocho han sido demasiado erráticos para dejarlos pasar sin pellizcar. Cargan a su haber el no haber cumplido su deber y comprometer nuestro futuro. El 2014 no recibirá la mesa servida (aunque sea de los mismos comensales).

La historia se remonta al 2005, año conservador que cerró a lo tico, con un déficit fiscal chiquitico, gracias a su prudente política de gastos. Le sirvió la mesa al 2006, su sucesor, que heredó una hacienda ordenada (-0,4% del PIB). El legatario, además, tuvo suerte. El boom de la economía mundial descendió sobre sus arcas e impulsó los ingresos al punto de hacer innecesaria la reforma fiscal. Por primera vez, el calendario vio superávit. Pero no podía durar. Los años expansivos son así, insostenibles.

Luego vino la crisis. El pobre 2009 entró en desgracia. Y su pariente cercano, el 2010, pasó de modosito a dispendioso. Pero, en vez de aumentar la inversión pública, que es reversible, se cebó en la planilla y disparó los gastos totales un 46,5%, y prohijó una criatura mal habida, bautizada con un nombre muy común: déficit fiscal (5% del PIB). Sus sucesores, 2011, 12 y 13, hicieron desganados esfuerzos por desembarazarse de ella, sin éxito. Entonces, descubrieron que podían amamantarla con financiamiento externo. Y rodaron la bola hacia delante.

La cronología monetaria y cambiaria ha sido similar. El año 2000, generoso, hizo un esfuerzo por capitalizar al BCCR con el sano propósito de conjugar sus pérdidas. El 2006 tuvo destellos de luz al enunciar el esquema de inflation targets que exigía, como condición, abandonar las bandas y pasar a la flotación administrada. Pero no se atrevió. O no lo dejaron. Su indecisión fue un mal ejemplo para sus hijos, los años nacidos del 2010 al 2013.

Dicen que los hijos del rico suelen dilapidar su fortuna. Los años 12 y 13, muchachos aún y con poca personalidad, dilapidaron la fortuna de la capitalización y la herencia del boom externo en un peligroso juego de azar: bandas cambiarias (por eso, me disgusta que mis hijos jueguen). Los nacidos a partir del 14 heredarán una casa muy hipotecada. El déficit del Gobierno será un 5,8% del PIB, según el Programa Macroeconómico; el del sector público consolidado rondará el 7% del PIB; y las pérdidas de operación del BCCR verán el 1% del PIB por los avatares de la ruleta. ¡Qué malos 8 años! ¿Qué avanzamos en ellos? Nada. Léase bien: nada, nada, nada (campeones de natación). 2014 tendrá que calendarizar, en pañales, un punzante ajuste fiscal y recapitalizar de nuevo al Central y evitar inflación. Ojalá le prohíban los jueguitos de azar.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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