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Actualizado el 23 de julio de 2013 a las 12:05 am

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Buenas noticias en la economía internacional: Europa comienza a destilar datos positivos; EE. UU. avanza hacia la recuperación y los países emergentes mantienen su ritmo de crecimiento. El próximo gobierno de CR, cualquiera que sea, debería alegrarse. Pero no mucho. Hay riesgos oteando el horizonte.

La economía europea podría abandonar la recesión el último trimestre de este año. Así lo informó la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Unión Europea. Para el 2014, prevé un crecimiento positivo del 1,2% en términos reales. El FMI también predice una expansión positiva (1,1%). Estados Unidos crecerá al 3,1%, igual que América Latina. Eso significa que no habrá ninguna zona geográfica en recesión.

El mayor crecimiento mundial nos ayudará un poco a recuperar nuestra economía, sobre todo las exportaciones. Pero no será suficiente para mejorar el empleo. Tampoco dará para mejorar los ingresos fiscales, positivamente correlacionados con el PIB. Sin suficientes recursos para incrementar la infraestructura, no podremos mejorar la productividad. El próximo gobierno enfrentará el reto de emprender una reforma fiscal si, en vez de vegetar, desea obrar.

También tendrá que hacer frente a otros riesgos que podrían desencadenarse de esa coyuntura internacional. Al mejorar, la economía americana, sus niveles de crecimiento y desempleo (caerá al 6,7% al final del 2014), la FED disminuirá sus compras mensuales de títulos e hipotecas ($85.000 millones), las tasas de interés de largo plazo continuarán subiendo (ya se ha empezado a notar), se revisarán al alza los rendimientos de los bonos de países en desarrollo y, a la baja, sus respectivos precios, mermarán las entradas de capital y habrá más presión en las monedas nacionales, incluyendo la nuestra.

Pero no deberíamos estar abrumados. Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. Si merman las entradas de capital –inversión extranjera directa y de carácter financiero–, el tipo de cambio sería el instrumento principal para ajustar el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, hoy financiado con esas entradas de capital. Devaluar no siempre es malo. Restablecería un poco la competitividad de los exportadores y la producción nacional de bienes y servicios que compite con los provenientes de afuera. Pero, si el Gobierno continúa endeudándose en el exterior para evitar financiarse en el mercado interno a tasas de interés más elevadas, no habrá respiro para los exportadores. Ese es uno principales retos. El otro es controlar la inflación, pues la devaluación siempre se transmite a los precios internos. El BCCR tendría que esforzarse bien para evitarlo.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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