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Golpe educativo

Actualizado el 23 de abril de 1995 a las 02:19 pm

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Armando Mayorga
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Armando Mayorga
Una comisión de alto nivel realizó, durante casi un año, un estudio de la situación hospitalaria del país y presentó su informe a la junta directiva de la CCSS. El informe es desolador y revelador de un hecho que, durante varios años, han sufrido en carne propia los asegurados: nuestro sistema de seguridad social ha explotado.

Este informe angustia por la magnitud de los problemas: saturación y congestión de los servicios de emergencia y de consulta externa, déficit de camas, insuficiencia de medicinas, dilatados plazos de espera en diversas especialidades y una presa enorme en cirugías. La lista podría prolongarse. Esta crisis estremece a la CCSS, pero, sobre todo, a los asegurados, la mayor parte de la población. Sus efectos en el sistema de salud curativa son perniciosos y su repercusión en la actitud de los ciudadanos hacia las instituciones públicas es deletérea. El desánimo, la desconfianza, la impotencia y hasta el escepticismo hacen presa de las personas, particularmente de los sectores más desvalidos de la sociedad, lo cual tiene un efecto multiplicador en otras actividades individuales o sociales, dado que el derecho humano deteriorado y vulnerado--la salud--es el más importante y determinante. Es decir, la medida de la crisis social guarda relación directa con la necesidad del bien social y del derecho quebrantados.

El diagnóstico elaborado por la comisión de hospitales es realista y agudo. Pese a su profundidad e insospechada calidad técnica y profesional, no es, sin embargo, original. Es decir, no es la primera vez que se levanta el velo del desastre hospitalario. El centro de documentación de La Nación está repleto de reportajes y comentarios sobre esta materia, de angustiosos SOS lanzados al Estado y, en especial, a las autoridades de la CCSS ante el inminente hundimiento del barco. Y suponemos que los anaqueles de esta institución a duras penas sostienen la pesada carga de estudios, informes e investigaciones sobre la situación de los hospitales y, en general, sobre el sistema de seguridad social del país.

Cuál ha sido el resultado de este largo proceso de estudios, confirmado, además, por la vista y el oído? Las denuncias y quejas en este sentido levantarían otra desafiante Babel por la altura y por la incomprensión. Se ha hablado y escrito tanto sobre este tema que el lenguaje cansó o perdió su comprensión. El problema es que el sufrimiento humano no cansa a los pacientes ni se torna incomprensible. Esta ahí, lacerante, en espera de la solidaridad humana y de una de las obligaciones supremas del Estado. Pero, el Estado costarricense hace aguas por todos lados. La tarea es, por ello, doblemente compleja y difícil.

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Con todo, en materia de salud no podemos esperar ni alargar las soluciones, máxime si se tiene en cuenta que la de la CCSS no es una crisis financiera, sino política en el más amplio sentido del término, es decir, de administración y dirección de las instituciones públicas, de capacidad gerencial, de actitud hacia el cambio, de previsión y determinación. En este drama social tienen, por ello, una responsabilidad directa los anteriores gobiernos y las presidencias ejecutivas de la CCSS, cuyas juntas directivas han sido simples apéndices y espectadores de aquellos. Será este otro informe o hará este el milagro de la conversión de las palabras en acciones concretas y a fondo?

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