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Actualizado el 25 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Que la violencia suele ser generadora de violencia nos lo plantea el libro Dora Bruder, reputado por buenas razones de ser la mejor novela de Patrick Modiano, laureado con el Nobel de Literatura del 2014. El relato (115 págs.) se basa en hechos reales ocurridos a principios de la década de 1940, y sobre los cuales el autor investigó y averiguó todo cuanto era posible averiguar, para luego llenar los vacíos con una inventiva verosímil y sin estridencias. Pero esta columna versa menos sobre Modiano que sobre una realidad histórica cuya memoria él rescata para sus contemporáneos, talvez sin proponérselo.

Tanto Ernest Bruder, judío nacido en Viena en 1899, como su esposa y su hija Dora existieron realmente. La novela estáconstruida alrededor de la desaparición de la niña en París, en 1941, a la edad de 16 años, y de la muerte de Dora y sus padres en los campos de concentración nazis. Ernest, quien había vivido su infancia sumido en la pobreza –en la guerra, combatientes y bajas son en su mayoría pobres–, se enroló, aún muy joven, en la legión extranjera y fue enviado, en 1920, a África del Norte, donde Francia necesitaba emplazar 30.000 hombres adicionales, por supuesto no como cooperantes para el desarrollo, sino como soldados mondos, lirondos y homicidas. Dice el narrador: “Intento reconstruir el periplo de Ernest Bruder. Y la soldada que se cobraba en Sidi Bel Abbes. La mayor parte de los enrolados –alemanes, austriacos, rusos, rumanos, búlgaros– se encuentran en tal estado de miseria que están asombrados de que les proporcionen esa soldada”.

Alors , aquellos hijos de las naciones europeas asoladas por la Primera Guerra Mundial iban contratados como refuerzo para los franceses, que sometían a sangre y fuego a los norteafricanos en sus propios países. Fueron muchas las batallas –por lo general, masacres gracias a la superioridad militar gala–en las que participó aquella hueste muy similar, por su integración, a la gavilla filibustera de William Walker, derrotada hacía siete décadas en América Central. Documentos localizados por el novelista revelan que, pese a su sacrificio por la grandeza de Francia, a Bruder –“legionario francés de segunda clase”, “mutilado de guerra al ciento por ciento”– le fue denegada la nacionalidad francesa que quizá pudo haberlo salvado de morir en Auschwitz. Y, así, Modiano nos cuenta mucho sobre los Bruder y poco o nada sobre los norteafricanos masacrados en su tierra por mercenarios europeos que desplegaban una bandera tricolor.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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