Opinión

Ganó Irán

Actualizado el 09 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

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El panorama libanés ha permanecido mucho tiempo en el tintero de quienes analizan y comentan lo que sucede en Levante. Y no es para menos. El mapa político de ese pequeño país es un acertijo que cambia con frecuencia y sus confines se mantienen en ebullición generando acontecimientos fuera de lo común para los corresponsales. Por ejemplo, Mosul está caldeado y las batallas por purgar de ese enclave iraquí al Ejército Islámico dominan los titulares de la prensa internacional.

Distante de ahí, en Beirut, la capital libanesa, también hay dramáticos acontecimientos, testimonios ojalá de los senderos ignotos que algunas veces conducen a la paz. Una evocación del pasado trae a la memoria que, en algún momento, Beirut fue conocida como el París del Medio Oriente. Su delicada atmósfera respiraba cultura y la influencia modernizante de inmigrantes del continente derivó en el uso del francés como lengua común.

Aires de violencia y guerra tomaron fuerza en el Líbano ahí por los años 70, generando una paulatina fragmentación del país. Bajo este alero, cada parcela devino en uno o más enclaves. Los cristianos decantaron en católicos, protestantes y ortodoxos; los musulmanes en sunis y chiitas; en tanto los drusos prefirieron quedarse solos en su vergel. Igual semilla generó el canon de que el presidente del Líbano sería cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunita y el presidente del Parlamento un musulmán chiita. Paz y concordia.

En teoría, aquello lució muy claro y democrático, mas en la práctica lo sucedido es que ahora el sur es propiedad entera de Hizbolá (musulmanes radicales) en donde tiene emplazados 130.000 cohetes y misiles enfocados contra Israel y a veces contra el Parlamento libanés.

Lo nuevo es que tras 45 rondas de balotaje desde las elecciones del 2014, el Parlamento ha escogido al general maronita Michel Aoun como presidente, patrocinado por Hizbolá y, tras cortinas, Irán. Su contendiente fue el maronita Solimán Franjee, favorecido por Arabia Saudita. El desenlace subraya la hegemonía persa en Líbano que, de paso, le dará a Irán acceso directo al Mediterráneo.

El ajedrez del Medio Oriente promete complicarse más con la presidencia de Aoun. Aunque Washington aplaudió la designación del nuevo mandatario libanés, quizás perdió de vista el incremento en las operaciones subversivas iraníes en Levante y más allá que actualmente tienen lugar. De esta forma, lo acaecido fue un gol de Irán.

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